jueves, 15 de abril de 2010

Yo mataré monstruos por ti


Yo mataré monstruos por ti
Víctor Balcells Matas
Delirio, Salamanca 2010.
12 euros.




Me he comprado el libro de Víctor Balcells Matas en un bar. 12 euros por 27 cuentos (un número total y exclusivamente Shandy, según Vila-Matas en su Historia Abreviada de la Literatura Portátil, lo cual convierte a Víctor Balcells en un shandy de pro, con un libro más que portátil, que cabe en cualquier bolsillo, salvo en los de mi cazadora, poco útil a tal efecto) divididos en 4 partes. Publicado por la editorial Delirio (Salamanca, 2010) y disponible en diversas librerías all around the world, y en Bibliotecas Públicas, como la de Zamora, sin ir más lejos.

Conocí a Víctor por la más pura casualidad. Casualidad en medio de la cual se cruzan Deborah Vukusic, David Refoyo, Rubén Bartolomé y un pequeño rosario de líneas cruzadas, como si fueramos líneas de colores en el mapa de metro de esta Charrajevo. Conocí a Víctor, y luego él me conoció a mí, supongo que es como deberían hacerse las cosas, dejando atrás esos protocolarios y anacrónicos rituales del apretón de manos y los subsecuentes dos besos. Ahora nos epistolamos de vez en cuando, más de vez en cuando me invita a un café, y menos de vez en cuando lo escucho recitar en Micro Abierto Salamanca, en la sala Alquimista.

Víctor es alto, delgado, catalán. Nada de esto debería ser reseñable a la hora de presentar su libro, a priori, pero sin embargo me lo imagino recitando cada uno de los 27 cuentos delante de un micrófono agachando la cabeza porque el micro está demasiado bajo, escuálido ante la luz del flexo, y con su grave voz y cerrado acento del mismo centro de la platja de la Barceloneta o cualquier puesto de baratijas de las Ramblas.

Su prosa es rítmica, se vale de ciertos elementos repetitivos para ir moviendo cada cuento como si fuera una canción con diversos compases. De este modo hay cuentos que tienes que bailar solo y otros que te dejan hacerlo agarrado. Ácido por excelencia, poco recomendable para aquellos que padezcan del estómago y además no sepan encajar bien los golpes bajos, pues exige asumir la realidad tan estúpida que vivimos en ocasiones. Otras veces lo que nos pide es aceptar nuestra condición de seres vivos, y como tal: mortales, pues es lo único que espera al final de todo esto. Y entre lo que aceptas tu muerte y asumes tu estupidez, otros cuentos, la mayoría aman, se ríen del amor, y también lloran con él, pues si hay algo que nos distinga de los mantis religiosas no es que meemos de pie (que también, en ocasiones) sino que somos capaces de hacer el amor sin después devorar a nuestro prójimo.

O a lo mejor sí, pero para eso hay que leerse el libro. Mucha suerte, Víctor.

1 comentario:

Will dijo...

Me ha encantado esta entrada y cuando tenga oportunidad (económica, que estoy "pelao") buscaré ese libro. El otro día cuando nos cruzamos iba con prisa, espero que todo valla estupendamente :)