jueves, 26 de noviembre de 2009

Te aplastaré con mis versos

Y yo le respondí:
Le aplastaré con mis versos
(José Ángel Barrueco)


Estais ahí delante, aborregados en filas de asientos negros duros que se os clavan sobre las tuberosidades isquiáticas y sobre vuestros lóbulos prefrontales, allá donde solíais tener la personalidad que ahora ni siquiera echais de menos. Ni siquiera la echais de menos porque la perdisteis despacio mientras os desgastabais el epicóndilo y la epitróclea contra manuales de más de dos mil páginas que ahora ocupan sin vuestro permiso el lugar donde una vez estuvo vuestro sentido del humor, la solidaridad, la capacidad de sonreir, de pedir las cosas por favor, y de apuntar dentro del tiesto cada vez que decidíais echar una meada.

Yo os miro desde el atril blanco de aglomerado que resuena cuando le arreo con la mano abierta hasta tres veces; yo os miro y vosotros me mirais, pero no me veis, cómo os engaño, cómo os odio, cómo os observo, ardiendo el pensamiento detrás de los ojos, la lengua fría, la cara de desconcierto. Y ese desconcierto parece que os da alas, elevais las voces cual corifeos en tragedia de Sófocles, y pedís, vociferais, murmurais, los ojos vacuos, la faz impersonal y descompuesta que no refleja un solo sentimiento, pegados aún con el culo sudado a ese asiento que os lleva soportando toda la mañana, toda la semana. Volais, víctimas de mi desconcierto, y sin embargo lo tengo muy claro: vaya panda de hijos de puta que estais hechos.