viernes, 13 de noviembre de 2009

He said: "have you ever been to Vegas?"
I said: "no"
"That's where we gonna go. You need to change your pace."
(R. Williams; Me and my monkey)



I.Tengo tu cara en una foto, la tengo, te lo juro, porque empecé a hacerme tan viejo como mi papel higiénico que se consume, el mismo papel higiénico del que sacaremos un belén a finales del trimestre, el mismo papel higiénico que me limpia y me irrita, como tu cara en una foto, como la barba de tres días, como los periódicos serios con tinta que se corre, y en cuyas portadas salen fotos con caras, como la tuya.

II. Qué tarde la de aquel día, la resaca y los abrigos nuevos sobre el sofá, mamá viendo las fotos antiguas de gente a la que amaba, y no había una hoguera en el salón para completar el estereotípico cuadro. Mamá me miraba, yo miraba al suelo, el suelo, evidentemente, no miraba nada, si acaso reflejaba la luz de otoño de mi calle siempre tan clara. Mi calle tampoco miraba más que a Portugal si seguías caminando todo recto durante 30 kilómetros. Luego, a la derecha.

III. Mírame. Tengo en este bolsillo un par de billetes. Ojalá fueran un par de billetes para volar lejos, pero, permíteme que al menos hoy te sea sincero: son dos billetes de cinco euros, así que estamos jodidos para llegar a Zamora. Me han dicho que allí es fácil empezar de nuevo. Gente joven, oportunidades, empleo, hogar, vivienda. Mira, lo pone este periódico del 7 de febrero de 1927.

IV. El doctor estaba al otro lado del hilo para contarme lo mal contextualizada que está la sociedad, para apoyar mi teoría de que seremos lossers pero felices, y mientras tanto se descongelaban mis espaguetis de viernes, vivir solo a veces es reconfortante y otras es desconcertante, como colgarle a tu ginecólogo después de media hora de conversación.

V. Nos acabaremos aburriendo el uno del otro, esto es demasiado estrecho y no me refiero a que sean noventa centímetros, sino a unos cincuenta metros cuadrados que tienen derecho a ser fregados dos veces por semana como mínimo, fíjate que ya ni me toco por respeto. Me pasas un cigarrillo, por favor. Elegí un mal día para dejar de fumar.

VI. Hubo un tiempo en el que como mucho importaba si tenías el pelo largo, si fumabas petas antes de que la reina te concediera el título de Sir, que te subieras a una terraza a dar la chapa a los vecinos de Abbey Road. Hubo un tiempo para todo, y al final, como todo, el tiempo se acabó, y todo lo que importaba dejó de hacerlo, y nada de lo que ahora importa quizá sirva para nada.