jueves, 5 de marzo de 2009

Papá


Mi padre es un buen tipo, o eso se comenta por ahí. Es el hombre al que la crisis tiene contra las cuerdas, el hombre que no puede leer las noticias económicas en internet [la mitad de las veces por prohibición expresa de mi madre, la otra mitad porque yo okupo el ordenador descaradamente] y aún así se tira los pocos ratos libres de las mañanas ojeando la intranet mientras escucha Eagles y Alan Parsons a la vez que le pone buenas caras a las ciento ochenta operaciones de caja a las que se enfrenta día a día. Él me enseñó todo lo que sabe sobre la música, incluso lo que no sabe. El resto, lo poco más que he aprendido, ya me lo he buscado yo solo, y claro, así me va. Mi padre es una fuente de historias que a veces me cansan y que otras veces nunca dejaría de escuchar [como la vez que traficó relojes]. Sabe del bien y del mal, pero está muy por debajo de eso, y nunca juzga la moral.

Supongo que es verdad eso que dicen de que los padres se proyectan en los hijos, conscientemente o no, pero lo hacen. Y por eso me gusta el Scalextric, los Beatles y toda esa clase de música qe oyen cuatro colgados, las motos y la Fórmula 1, la ciencia ficción, los maestros Asimov y Arthur C. Clarke, el grendérrimo Stanley Kubrick, por eso siempre he querido tocar la guitarra, volver a Londres, tener mi propio programa de radio y un largo etcétera. Pero es que también debido a esa proyección he aprendido otras cosas. A ser un caballero [estúpido, pero caballero] A ser diplomático, a estar en el medio de todo y no mancharme con nada. A practicar la paciencia [aunque eso se me da peor que a él]. A ser honrado. A mantener la calma. A escuchar. A ser humilde [ y qué difícil es ser humilde, cuando uno es tan grande, como dice Loquillo]

Mi padre hoy hace 53 años, ahí es nada. Y le quedan aún muchas cosas por hacer. Porque otra cosa que he aprendido de él es a no prometer nada que no pueda cumplir, así que algún día iremos juntos a Bélgica, incluso a Jerez. O le llevaré a que conozca el Topkapi, para que él pueda ambientar sus películas en blanco y negro. Dicen que llega un momento de la vida en el que te das cuenta de que los padres no son esos dioses que crees que son cuando eres un niño, unos seres todopoderosos. Y yo lo sé. Mis padres no son perfectos, pero es la naturaleza humana. Y aún así, ¿sabeis?, mi padre nunca falla. Él cree a veces que le guardo un oculto rencor por aquel barco pirata de Playmobil que no llegó a conseguir cuando yo tenía 5 años, pero lo hago sólo por putearle. Como otras muchas veces. Pero no me ha fallado, y espero que al contrario sea lo mismo, aunque podría darle más alegrías. Pero sé que él también se alegra cuando, a pesar de la vida que me pego, me salen las cosas bien jugando en la cuerda floja. Porque me divierto, y eso es algo que, si me hace feliz, él dice que le hace feliz.

Ser hijo conlleva una cierta responsabilidad. Pero ser padre tiene una responsabilidad más grande, o eso se dice. No sé. Nunca le voy a pasar cuentas a mi padre por lo que ha hecho o no ha hecho conmigo, porque hasta ahora no espero ni más ni menos que lo que hemos vivido. Y lo que nos queda por vivir. Feliz cumpleaños, Boss.