sábado, 28 de junio de 2008

Puf.Puf.Puf.

Yo no sé bien por qué, pero como bien se dice en el toreo, no hay quinto malo. Al igual, no hay resaca buena; pero sin embargo, hay algunas malas y otras pésimas. La de hoy es de las segundas. De esas en las que te empiezas a preguntar por el sentido de la vida, el sexo de los ángeles, las injusticias de la rueda de la fortuna, lo mal que está el país y la política, la caída de Rossi en la tercera curva, y un largo etcétera. Estás ahí, sentado, viendo correr la aguja del segundero de la forma más cruel posible, y le preguntas con ironía a alguien que haya ahí arriba que cuándo va a terminar este sufrimiento. Puf, puf, puf.
Los días de resaca son una conjunción infernal de los elementos, siempre me he preguntado si Felipe II no cogería un pedo de espanto cuando se enteró de naufragio de la audaz empresa. Seguro que al día siguiente se levantó con su traje negro y su cuello de puntilla cagándose en el brandy Carlos V, y en su puta madre que, cosas del destino, eran pareja. Pero, como decía, son una conjunción bárbara de elementos. ¿Por qué hay miles mañanas insulsas en invierno, en las que nadie hace un ruido, ni pasa nada? ¿Por qué cuando decides mamarte cual perro, a la mañana siguiente hay (por este orden):las de la limpieza dando voces, el vecino de abajo con la misma canción quince veces consecutivas a todo volumen, gritos de asesinato en el pasillo, y una llamada de diez minutos a las 11 y media? Argh, me levanto con la cabeza girando sobre su propio eje, y ya no hay desayuno. Mierda. Murphy diría que al menos no se me va a caer la tostada. Me da igual, yo sólo quiero que se me quite la torrija que llevo encima.
Cabrones, seguro que la culpa es de la huelga de transportes."
I Want To Break Free - Queen

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