
"We are made from the same stuff that dreams are made of"
(W. Shakespeare)
Cualquier buena historia, como ha venido siendo desde que los siglos se suceden uno a otro, y tenemos el fuego para sentarnos al lado a hablar, debe comenzar con un: "Hace mucho, mucho tiempo, cuando el mundo era niño..."
Arsuaga es un tipo que sabe. Sabe de todo. He conocido gente que sabe de todo, y sin embargo le suceden dos cosas. a) No sabe comunicarlo correctamente, con lo cual no sirve para nada tener ese conocimiento si no puedes compartirlo. b)Es tan grandilocuente y magnífico que a pesar de todo su conocimiento jamás podrás contactar intelectualmente con esa persona porque no aguantarás su charla ni diez minutos.
A Arsuaga no le sucede ni a) ni b). Y eso hace que en menos de treinta segundos estés hechizado por su voz, y por lo que cuenta. Y por cómo lo cuenta. Sabe cómo hablar en público, y además de eso, conoce y ama aquello de lo que habla. La Antropología, o la Paleontología, son su mundo. Y como lo ama, te lo cuenta como la mejor de las historias. Esa que de pequeño nunca te cansabas de oirle a tu madre o a tu abuela, sentada en la cama, y tú bajo el edredón.
Es un pirata que ha navegado bastante por el mundo, y por eso sabe reírse, y hacerte reir. Sabe cómo mantener a todo un auditorio con el aliento contenido, esperando la siguiente frase. O cómo hacer que le dés mil vueltas a un solo asunto. Cómo hablar de la evolución del hombre y de la metafísica en cuatro frases mágicas. O cómo transportarte varios miles, o millones, de años atrás en el tiempo.
Arsuaga contó historias de chamanes. Y, en el fondo, creo que no era mera coincidencia. Los chamanes movían a una sola tribu con el poder de La Palabra [así, con mayúscula]. Arsuaga es un chamán de nuestros días, y por eso tengo que decir que ojalá la conferencia de ayer hubiera durado toda la noche, porque hay hechizos que uno no puede superar. Y encima le gustan.
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