domingo, 7 de noviembre de 2010

Marlowe sigue vivo, me lo dijo un amigo (Parte XII)


Enlace a partes anteriores

XII.Tu belleza no te salvará

Como es de lógica, ese jueves tenía resaca, y tenía que preparar el paripé del viernes. Le daba vueltas a todo lo que me contó Alfie. Quería pensar que era mentira, todo mentira.

De camino al Parklife pasé por la Central. Yo antes no era melancólico. Ahora sí, ya ves. Subí al último piso. Miré al sur. Atardecía. Te equivocas, no me eché a llorar, aunque pagaría por haberlo hecho. Esa sensación de nunca haberme ido, esa sensación de que durante dos años había querido tapar algún agujero en mi barriga, o en mi culo, yo qué sé. Desde allí arriba pensé más y mejor en toda la historia. En el jodido Joe el Gerente, en cómo nos la había jugado a todos incluso muriendo. Me estaba acojonando con toda la basura que había debajo de la alfombra.

Alguien sabía que yo iba a estar en el Parklife, lo cual no me sorprendía. Si Alfie había hablado para mí, no veía el motivo para que delante de otros se hubiera callado. Alguien sabía que yo iba a estar ahí porque me estaba esperando el psicópata de la libreta y el lápiz. A estas alturas me la traía al fresco. Me senté en una mesa a oscuras. Bee-bop-a-loola. La banda suena de miedo esta noche.

- La banda suena de miedo esta noche -dice una voz.

Tengo al psicópata a mi izquierda. En guardia. Si algo está claro, es que de aquí no salgo. Hoy canta Eileen. You can remember this, a kiss is just a kiss. Ahora lo veo todo mucho mejor. El psicópata, aunque abrió el fuego, no creo que acepte conversación, y lo que mejor se me da es hablar. Puedo hacerle daño a un tipo atado, pero contra este estoy muerto. Llamo al camarero, y pido dos gin-tonic. Nunca bebo gin-tonic, así que me la juego con el psicópata. Incluso los asesinos en serie tienen ganas de echar un trago.

- ¿Ves a la tía que canta? Una vez estuvimos juntos. Luego ella se largó, hizo bien.

El psicópata me sorprende probando la bebida. Mierda, debí echarle veneno, como en los libros de Agatha Christie. Me va a atravesar el pecho con un lápiz de madera y encima le he pagado una copa, soy gilipollas. Y entonces se acaba la canción y Eileen, que me ha visto, baja a nuestra mesa a besarme en la mejilla, mientras se sienta en mi regazo.

- Phil, amor, ¿cómo te va?

Joder, Eileen. Quiero contarte que estoy más solo que la una, que anoche te habría llamado y te habría dicho te quiero unas cinco mil veces, que este tipo no me va a dejar salir del bar, que estoy metido hasta las cejas en un lío por culpa de otros, un lío de los gordos.

- Bien -si dices eso, y sonríes, a la gente le vale-. ¿Conoces a mi amigo? Mira, esta es Eileen, creo que te he hablado alguna vez de ella.

Por primera vez en cinco años una mujer hacía algo bueno por mí sin pedir nada a cambio. Ella se sentó entre el psicópata y yo. Yo echo un trago, y según bajo la mano hacia la mesa, le tiro la copa a la cara a ese cabrón dandole de lleno, mientras salgo por patas del local, dejando a Eileen en sus manos. Lo siento, cariño, siempre te dije que tu belleza no te iba a salvar.

Después paseé por la ciudad de noche con el corazón en la boca. Me gusta, me encanta la ciudad de noche. Me tranquiliza. Bajé al río y tiré piedras. Si Joe el Gerente quería acojonarme, no lo iba a conseguir.

Sí, he dicho Joe el Gerente.

No hay comentarios: