lunes, 17 de mayo de 2010

Vals à deux

En aquel entonces sobrevino el fin del mundo. Yo estaba cagando, mientras leía el periódico. Anunciaban medias de nylon. Medias de nylon, ¿te lo puedes creer? No sé dónde vamos a llegar, pensaba yo, mientras apagaba el cigarro y me ponía los tirantes sobre la camiseta interior blanca. Doblé el periódico debajo del brazo, tiré de la cadena, me lavé las manos. Salí, atravesé el pasillo, fui hasta la cocina donde tú preparabas tostadas. Te abracé y sobrevino el fin del mundo. Girada sobre la encimera me miraste. Lo recuerdo bien, aún conservabas tus ojos de fuego para encenderme, me miraste. California Dreamin' en el estéreo, el single a 45rpm. All the leaves are brown. Quise agarrarte por la cintura, bailar. Las baldosas azules y blancas brillaban, tu falda gris, tu cintura, quise agarrarte por la cintura, y sólo me mirabas, de modo que bailamos en silencio una de tantas canciones tristes que hablan de cosas alegres. Con la izquierda entre tus dos escápulas te palpaba las vértebras que se hacían prominentes al inclinarte sobre mí. Yo quería hablarte de hipotecas no pagadas, de mis fracasos, de mis pelos blancos al afeitarme, de los cortes en la mandíbula y los tropiezos. También quería contarte historias geniales que se me ocurrían cada día delante de la Olivetti, de frases espectacularmente prometedoras, y sin embargo folios en blanco coronaban el escritorio, reflejando la luz de mayo, haciendo brillantes las paredes, las reproducciones de Kandinsky. Se terminó el single, volvió el silencio que yo palpaba entre tus vértebras. Algunas noches me despierto empapado en sudor y pienso en la piel de tu espalda y las baldosas, en cómo te quitabas la falda, pienso en cuando sudabas. Luego vienen nombres y botellas, quién te crees que eres. ¿Bukowski? ¿Ginsberg? ¿Kerouac? Si yo te hubiera contado aquella mañana todo, el fin del mundo no hubiera sido de fuego, nubes de ceniza y relámpagos entre lava al cielo, el fin del mundo no habría sido de terremotos y abismos negros, habría sido de agua, de olas gigantes que arrasan la primera línea de playa con chalets como aquel que ya no podíamos pagar. Fui hasta el estéreo, no quería más silencio, puse un LP a 33rpm. Elvis. Elvis está bien, te hace bailar, te promete lo que nadie más haría, por eso está bien, por eso es El Rey. We're caught in a trap, i can't walk out. Mi mano izquierda entre tus escápulas, tu izquierda la sostenía con mi mano libre, y nos movíamos despacio, siempre sobre las baldosas. Describíamos círculos, primero tomamos como referencia la cafetera, y después nos fuimos haciendo excéntricos, quizá hasta volvernos tangenciales a la puerta. Geometría cónica básica para principiantes, un ejercicio demasiado simple para nosotros, que manejábamos la aguja del compás casi sin quererlo. Si yo te hubiera contado todo aquella mañana, no habrían sido relámpagos sino huracán y casas con el tejado deshecho, los vinilos estrellados y un poco de sangre en el labio inferior. Sin embargo, quién era yo para romper el silencio. ¿Bukowski? ¿Ginsberg? ¿Kerouac? Yo no podía decirte frases tan crudas que te hicieran sentarte en la cocina a llorar pensando en el vals que significaba el fin del mundo; tú creías que te estaba reservando el champán para los años en los que la sequía y el maíz revalorizasen el petróleo, el petróleo alcanzase la primera línea de playa, la primera línea de playa se cubriera de olas, y con ellas los chalets y mi silencio. El champán como estallido final, y las copas heladas en nuestras manos heladas. Bailábamos, te atreviste a levantar la cabeza y dejé de sentir tu columna. Quería besarte, y lo hacía poniendo mensajes entre líneas en todos aquellos folios en blanco, totalmente convencido de que entrarías cada mañana a limpiar el escritorio, y, revolviendolos, encontrarías tu nombre repetido inequívocamente, aunque lleno de borrones y faltas de ortografía, imaginándote como yo lo hacía: llena de imperfecciones. De esta manera a la mañana siguiente me salvarías con tu sublime perfección, vendrías sin hablar y me cogerías la mano que yo te ofreciera, Sinatra en el estéreo. And then i go and spoil it all. Y nosotros bailando para esperar el fin del mundo que ya nunca sería de lava, sino de [des]hielo, porque yo siempre seguiría callado y escribiendo tu nombre a mano en folios blancos.

2 comentarios:

Nacho dijo...

Me ha gustado mucho, de los que mas si no el que mas de ultimamente.

Natalia dijo...

LYCRA® es una marca registrada de INVISTA.
El uso correcto es “elastano”
Agradecemos realizar el cambio lo más pronto posible

Gracias,
Natalia Parra
Analista Marketing & Comunicaciones
INVISTA COLOMBIA S.A