sábado, 4 de octubre de 2008

Quemando tus recuerdos



Voy a empaparme en gasolina una vez más.
Voy a rasparme a ver si prendo,
y recorrer de punta a punta la ciudad
quemando todos tus recuerdos.


"A principios de semana empecé a redactar a mano mi manual de lecciones para olvidarte, con el propósito de echar un poco de sal en la herida que dejaste en mi brazo. Ah, es que no lo he dicho. Que soy de los que se echan sal en lass heridas para cerrarlas. Bueno, hay veces que me echo alcohol, pero desde que empecé a ver que sólo las desinfectaba, pero seguían sangrando, paso. El Betadine ha hecho milagros, me decían mis amigos, y yo dale que dale al Ballantines. Es que riman.

Pero, a lo que íbamos. Que en vez de echar sal, alcohol o lo que fuera, decidí empezar a pasar más tiempo contigo. O lo decidiste tú, quién sabe, hay cosas que se me escapan al raciocinio, y las mujeres son algo de eso. Y luego, como es ese concepto tan abstracto que tiene todas las caras del mundo. Y por eso, después de abstenerme el martes el jueves tuve que mojarme con todas las de la ley. Y es que un amigo dice que el alcohol te jode el hígado, pero el corazón ni te lo toca.

Y así, me amarré a ti [otra ti, pero el mismo tú] y gasté todos mis esfuerzos, que se fueron por la boca y se perdieron entre las doscientas personas que esperaban a la cola del Bisú. Y cada no que dijiste me retorcía un poco más en el pecho, pero tú seguías sonriendo, y me mirabas de ojos claros y pestañas negras. Qué más da, pensé yo. Y la noche se fue cantando Thalberg, como en los buenos tiempos.

Pero no todo podía acabar una mañana con resaca. Ninguna película acaba así. Todo tiene derecho a seguir, y yo seguí, y me metí un café solo [contigo] que me dejó respirar a lo largo de la tarde. Llegué, y volví a verte [otra ti, otra. El mismo tú] y me miraste como se mira a los desconocidos, y yo que ya había descubierto que no soy suficientemente freak como para gustarte, bajé la mirada y seguí a lo mío, en mi mundo donde me puedo reir de todo porque sí. Y luego subimos al alto, y canté a Rosendo, y practiqué la honrosa abstinencia mientras tú ibas hablando cada vez de forma menos coherente.

Y una semana después de empezar, me metí en la cama, y dormí hasta tarde. Y ahora ya no hay nadie, ya no hay nada. No estás ni siquiera tú."

4 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

"Que en vez de echar sal, alcohol o lo que fuera, decidí empezar a pasar más tiempo contigo."
Suele pasar por las hormonas no perdonan, y que quieres, nos gusta la carne, si puede ser caliente, a la brasa o como sea, pero carne.
jajaja
Saludos

Anónimo dijo...

Mi querido Guimaro, la pasion y el frenesi que dejas ver en tus palabras son dignas de un gran caballero....Sal y blande tu espada entre las damas salmantinas!

david-on dijo...

grandisimo compadre,el finde k viene una cenita de esas que nos gustan a los molineros

nyu-san dijo...

Me gusta tu manera de escribir... Aveces tanto hombres como mujeres solemos ser impredecibles