viernes, 10 de octubre de 2008

Los días de vino y rosas



Para Mangas, Guille y Nieves.

"Fue una de las peores resacas de mi vida. Nueva York, restaurante barato y comida buena, y abundante. Y bebida mala, y abundante. Y mujeres, y hombres. Y mujeres que horas después se vomitan encima de sus preciosos vestidos comprados la tarde antes, y hombres que se abrazan a farolas buscando el frío, o el calor. Yo ya no entiendo de esto. El caso es que a la mañana siguiente, en la 408 del Waldorf, yo sólo quería morirme. Morirme de asco, o de lo que fuera. Puto Hank, Hank Chinaski. O Charlie Bukowski, llámalo como te dé la gana. Yo sólo quería morirme, de la cama al baño y viceversa. Y pedí a ese dios que si estaba allí arriba, que me enviara la muerte rápido.

Y dios, que siempre fue un tipo con sentido del humor, me envió a las de la limpieza. Hoy me río; entonces no tanto. Total, que estaba siendo una mañana de mierda, mientras yo pensaba en poesía de bar, en dejar la bebida de una vez, y en toda la planta no se oía ni respirar, excepto la música de Will.

Así que después de un vano intento de ingerir comida, me pasé a la habitación de Will, la 406, a dos tabiques y un cuarto de baño de distancia. Y la tarde empezó a mejorar. Porque estaba Snowie disfrazada de gángster [oh, joder, esos tacones negros]. Y había una cámara de fotos. Y Will ponía a los Beatles, y era 1971, y era la semana después de que Janis se fuera, y había una cámara de fotos cojononuda. Y humo, mucho humo. De porro, de tabaco, de Zippo. Y ceniceros. Y había fotos en blanco y negro por las paredes. Y todo empezó a ir mucho mejor cuando apareció el huesudo Sleeves. Y allí estaba Suzie, con sus ojos azules, y callada mientras nos observaba turnarnos la cámara, y posar contra la pared, y reirnos. Y hacernos los serios. Era la gloria. Y los cigarros seguían corriendo, y la cama la pisábamos sin pudor, y mirábamos al objetivo, y jugábamos con lo permitido, y nos reíamos de lo prohibido. Y fue genial.

Hoy quiero volver, y darle las gracias a los chicos que hacen que las tardes de resaca se pasen. Y luego siempre me quedan ganas de volver por la mañana y pagarles un paquete de tabaco, pero siempre se han ido. Y yo no fumo."

2 comentarios:

Anónimo dijo...

increíble, absorta de leer lo q escribes, lo q llevas dentro... cuando te conocí sabía q eras diferente, lo sigo pensando xq se q lo eres, eres de esas personas q no pasan desapercibidas...eres un grande de esta mierda d mundo,si el mundo estuviese lleno de gente como tú sería más colorido y más bonito, con más sonrisas...

gracias, supongo q a la fuss y a la vida x coincidir contig en un lugar del mndo y poder percibir q eres diferente...

no cambies nunca y no lo olvides, eres diferente en el buen sentido.

un abrazo inmenso, nos vemos pronto, ninfa:)

La sonrisa de Hiperión dijo...

Aunque no fumes, el tabaco y el agua no se le niegan ni a los reos de muerte.
Saludos!