lunes, 13 de marzo de 2017

Malos tiempos para la Lyrica

Se mantenía sobre su pie izquierdo a duras penas tras el golpe seco de la puerta. Los almendros habían comenzado su floración aquella semana, casi al mismo tiempo que las radiofórmulas emitieron por primera vez las que serían canciones del verano. Todo lo que quedaba en mi copa era la promesa de la primavera que no había de venir sin lluvia. El techo blanco, roto de los cables eléctricos aún no cubiertos por lámparas ornativas.

Si quieres tenerlo claro, comencé, lo primero que he de decirte es que juego como el Madrid: mi defensa siempre está de vacaciones pero no te sorprendas cuando te veas tres goles abajo en la primera parte. Hasta el final del partido no sabremos cómo va a terminar. Mi entrenador vive constantemente cuestionado, pierdo puntos en los partidos más sencillos, decepciono con frecuencia a mis aficionados, los cuales, sin saber por qué, son unos incondicionales. Por todo ello si se mira desde dentro soy un completo desastre, pero campeo por los terrenos internacionales con una imagen de club intachable.

Por lo que pude intuir de su mirada severa, no se impresionó lo más mínimo con mi arenga deportiva y mi fino humor periodístico. Tal vez lo único que necesito es tener un alter ego que lea mis líneas de guión; en mi cabeza suenan buen pero la ejecución resulta lamentable.

La puerta del baño volvió a abrirse; nadie fue golpeado esta vez. La policía científica, el día después, habría de reparar en las gotas de sangre que dejaron en el suelo las profundas heridas que me infligieron sus puñales. Su contestación se basó en un giro de ciento ochenta grados y un mutis por el foro.


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La mañana siguiente en las páginas centrales las declaraciones eran de alivio por haber librado un empate totalmente inmerecido, sabiendo que el referí pudo y debió haber cobrado el penal en cualquiera de las dos áreas, con un resultado final incógnito ya para siempre, incierto como de costumbre. En una discreta reseña varias páginas más allá se adivinaba que aumentó el consumo de analgésicos en la ciudad.

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