domingo, 30 de noviembre de 2008

Otra noche

Cántame una historia de noches, pequeña. Nadie como tú ha vuelto a dejarse caer por aquí. Nadie ha vuelto a dejarse caer por aquí, debería decir. Sabes, no soy realista cuando hablo de nosotros, porque no hablo de nosotros, sino de mi. Ayer le oí decir a una colgada del Camino Neocatecumenal que ella nació en el Camino [vaya mierda de sitio para nacer, pensé yo] y que Cristo le ayudó a entender por qué no puede follar hasta el matrimonio. Yo le comí la cabeza a unas 70 mentes adolescentes hablándoles de mi vida en los grupos de jóvenes de la parroquia. Ella pregonaba los beneficios de Dios obedeciendo a tus padres y volviendo sobrio a las 2 de la mañana a casa. La diferencia entre ella y yo es la libertad, creo. Yo puedo hacer como que creo que hago lo que me da la gana, y no sentirme mal. Ella ni siquiera podría evitar sentirse mal. Yo cuando me siento mal de resaca es porque me da la gana, y porque no bebo suficiente agua. No quiero cambiar esta vida, es genial no poder levantarte un martes e irte pronto a dormir un sábado. Yo sigo con mi historia de batallas perdidas y guerras de cien años, y cuadernos donde lo escribo, y folios en blanco. No uso pluma, eso lo dejo para cuando voy al Lado Oscuro, o a Madrid. Yo vuelo en Bic cristal, que escribe normal. Normal es ni bien ni mal, supongo, así que ahí andamos. Ni bien ni mal, sino todo lo contrario. La colgada esa neocatecumenal seguro que podría haberme enseñado mucho sobre el bien y el mal. Yo sólo podría haberle dado clases sobre el mal para ella, y el bien para mí. Y ni siquiera me la habría podido tirar hasta la noche de bodas. Pero luego tendría un premio de 5 hijos, regalo del Señor.

Sabes, nena, sin política y sin Dios la vida estaría un poco mejor. Y contigo, ya sería la polla. Otra noche, lo intentamos. Yo me quito de Zapatero y de Dios, y tú, tú te vienes conmigo.

Síndrome de Estocolmo


"Doctor, no sé si es verdad. Pero creo que tengo el síndrome de Estocolmo. Que me ato a lo que me encierra, que me he quedado pegado a la pared encalada de mi celda. Que tenía tantas ganas de soltar el metal de los barrotes que me he ionizado. Soy magnético y mi mundo de metal, mierda de no tener una nevera para compartir mi vida entre imanes del Telepizza. O para encerrarme en el congelador, como hizo el tío Walt después de dibujar Blancanieves. Yo la única nieve que he conocido vienen sólo una vez al año a mi tejado. O un sábado de cada dos al lavabo del BB+.

Doctor, cúreme este síndrome de Estocolmo que me ha entrado. Yo no quiero ser un rehén, y que me maten. O peor aún, que me cambien por dinero, o por intereses políticos en un territorio armado. Yo lo que quería es ser libre, pero hace treinta y cinco años que se mató Nino en un deportivo en carretera. Como James Dean, pequeño bastardo rompió la suspensión. Yo quiero ser un mito, como ellos, tener un Porsche 956 plateado y recorrer la 66, doctor, haga algo.

Pero es que con el Síndrome de Estocolmo no me puedo mover. Me atenaza los músculos, no tiemblo, sólo busco calor, y en la celda tengo sólo mi sombra y una ventana por la que no podría ni siquiera saltar, por la que llegaría a lanzar mis palabras para limpiar el polvo de debajo de la cama [el de encima hace tiempo que me lo niega el sistema] Yo multiplico mis sílabas, y tartamudeo cuando me echan la comida por debajo de la puerta; me siento pulgoso como aquel gato que se me murió, y que tanta envidia me daba.

Pero usted me salvará, ¿verdad, doctor? Yo le juro que he sido bueno, que me tomé todo lo que usted me dijo, y también todo lo que no. Pero quíteme el Síndrome de Estocolmo, no puedo soportar ni un minuto más este sitio, no la soporto ya. Y sin embargo, ahí está, y yo sigo queriendo quedarme. Hay carceleros a los que te acostumbras con tanta naturalidad que los acabas adorando. Hay celdas que con toda su cal, su frío y su polvo, te tatúan necesidades. Y nada como una necesidad tatuada, como un número. El número de días que me quedan para irme de aquí."

viernes, 28 de noviembre de 2008

Felicidad [qué bonito nombre]

Tengo una nariz verde de payaso que no sirve para nada excepto para repartir felicidad. Repartir felicidad implica hacer el payaso. De hecho, implica ser payaso. Soy payaso por naturaleza, pero si hago reir por el simple hecho de ponerme una nariz verde de payaso, creo que no me importa demasiado. Me la puse en clase un día. Me la puse [nos la pusimos] de jarana por Madrid. Me la pongo en la habitación y me miro al espejo [la caridad empieza por uno mismo]
Ser un tipo duro empieza por ser un payaso y escribir historias de tipos duros que se fuman los Chester de tres en tres. La felicidad es relativa, y yo tengo una nariz verde de payaso para oponerme al absolutismo.

Arsuaga




"We are made from the same stuff that dreams are made of"
(W. Shakespeare)

Cualquier buena historia, como ha venido siendo desde que los siglos se suceden uno a otro, y tenemos el fuego para sentarnos al lado a hablar, debe comenzar con un: "Hace mucho, mucho tiempo, cuando el mundo era niño..."

Arsuaga es un tipo que sabe. Sabe de todo. He conocido gente que sabe de todo, y sin embargo le suceden dos cosas. a) No sabe comunicarlo correctamente, con lo cual no sirve para nada tener ese conocimiento si no puedes compartirlo. b)Es tan grandilocuente y magnífico que a pesar de todo su conocimiento jamás podrás contactar intelectualmente con esa persona porque no aguantarás su charla ni diez minutos.

A Arsuaga no le sucede ni a) ni b). Y eso hace que en menos de treinta segundos estés hechizado por su voz, y por lo que cuenta. Y por cómo lo cuenta. Sabe cómo hablar en público, y además de eso, conoce y ama aquello de lo que habla. La Antropología, o la Paleontología, son su mundo. Y como lo ama, te lo cuenta como la mejor de las historias. Esa que de pequeño nunca te cansabas de oirle a tu madre o a tu abuela, sentada en la cama, y tú bajo el edredón.

Es un pirata que ha navegado bastante por el mundo, y por eso sabe reírse, y hacerte reir. Sabe cómo mantener a todo un auditorio con el aliento contenido, esperando la siguiente frase. O cómo hacer que le dés mil vueltas a un solo asunto. Cómo hablar de la evolución del hombre y de la metafísica en cuatro frases mágicas. O cómo transportarte varios miles, o millones, de años atrás en el tiempo.

Arsuaga contó historias de chamanes. Y, en el fondo, creo que no era mera coincidencia. Los chamanes movían a una sola tribu con el poder de La Palabra [así, con mayúscula]. Arsuaga es un chamán de nuestros días, y por eso tengo que decir que ojalá la conferencia de ayer hubiera durado toda la noche, porque hay hechizos que uno no puede superar. Y encima le gustan.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Promesa de infinito 4

Para la vida que nos enseñaron.
"Vamos a destrozar nuestra vida, decían los buenos, viejos y grandes. Pero nunca pensaron que alguien les hiciera caso, y que se levantara con los tejados cubiertos de escarcha, y con el miedo atenazando hasta el último nervio del cuerpo. Me prometí sobrevivir, y aquí estoy, arrastrándome, con los dos últimos tiros en el hígado que creo que son mi final. Es curioso ir escribiendo mientras te apagas, es como el dulce atardecer de una bombilla que va dejando de dar luz. Nada de esos asquerosos fluorescentes que para apagarse centellean hasta dejarte ciego. Ese no es mi estilo. Mi estilo es el de la bombilla de 40W. Poco a poco, es como va esto, muy poco a poco. Mis oidos han ido dejando de percibir nada más allá de tres metros a la redonda, mis ojos han ido cerrando el ángulo lateral. Las manos se me apagan levemente, las noto frías y cansadas, y mientras para el resto del mundo hoy no es más que hoy, para mí es el final. No hay recuerdos más graves que los últimos recuerdos que te lleves. Yo me pregunto si esto es el final, y si lo es, ¿cómo remediarlo?"

viernes, 21 de noviembre de 2008

Mamá, quiero ser emo. Capítulo 3: La música.




Capítulo 2: aspecto físico y vestimenta
Capítulo 1: los comienzos


"Fue una suerte que ya tenía iPod antes de hacerme emo, porque sino habría tenido que desmbolsar más pasta aún.
Y es que los emos vamos a la última.
[coño, qué paradójico...]
A ver, si te vas a suicidar [no quiero que nadie se sorprenda ahora. Si me hago emo, era para eso. ¿Qué esperabais, joder? Así que no me acuseis de destripar la historia] Pues eso, que si vas a morir, tiene que ser con estilo. Por eso lo de ir siempre elegante, lo de vestir de marcas pijas y caras, y lo de tener iPod. Porque si nunca sabes cuál va a ser el último día de tu vida, muere con estilo, leches.
Así que en mi flamante iPod Touch de 350 europios y 16 gigabytes de capacidad desterré para siempre, y de forma definitiva, mi vida anterior.

Es decir, renuncié de forma inequívoca e irrevocable a cualquier canción que pudiera tener cabida en la primera mitad de una orquesta de las fiestas de un pueblo. Esas que tocan antes del descanso de las 2:30 de la mañana. Adiós a Isabel Pantoja, la cumbia, la rumba, el bolero, Sabina, Manolo Escobar y otras españolías. Adiós a los Beatles, Antonio Vega, Quique González, Loquillo, Marea, la Fuga y Platero, que hasta entonces para mí eran dioses. Hasta nunca, Bruce Springsteen, Supertramp, Alan Parsons, Pink Floyd y otros ídolos de juventud de mi padre.

Vamos, que reseteé de arriba abajo el chisme, con la inestimable ayuda del socorrido iTunes. Y ahora, el problema. ¿Con qué música lo lleno? Indagué gracias al internés entre compañeros de profesión emos, y obtuve las respuestas siguientes. Alternative punk rock. Emotional hardcore music. Screamo. Punk (a secas). Gothic metal. Gothic heavy metal. Ahí queda eso.

De modo que aturullé hasta arriba el chisme [16 gigas se dicen pronto] con canciones de 30 seconds to Mars, the Blackout, the Ataris, My Chemical Romance, Cinema Bizarre, Lostprophets, 3 doors down, Hawthorne Heights, Simple plan, Epica, Nightwish, the Used, Stratovarius, Greenday, Silverstein, Alexisonfire, Pendulum, teh Red jumpsuit apparatus, From first to last...

Vamos, la mayoría una panda de maricones que ne mi anterior vida no habría escuchado ni aunque me pagaran en ron el peso de todos sus respectivos cantantes. Pero ahora, amigos...¡ahora me encantaban! Los oídos destrozaditos, eso sí. Rechacé tres invitaciones de mi madre para que fuera al otorrino. Las dos primeras no las oí, y la tercera le dije fría y lacónicamente a mi madre, con el pelo liso sobre mi ojo izquierdo:
-No necesito oír al mundo para saber que es una mierda, madre.
Mi madre, muy emo ella, me hizo un corte de mangas y cerró de un portazo la habitación. Portazo que yo no oí, claro, porque ya estaba voceando con The Used de nuevo.

Ahh, colegas. Si un emo puede experimentar algo parecido al placer, yo lo sentia con mis vaqueros pitillos, atusándome el flequillo liso sobre mi ojo izquierdo, pintado con raya negra, mientras escuchaba música Screamo. Y repetía, incansablemente, con voz fría, como un mantra [vaya, otro paralelismo emo-budista]:

- Odio al mundo"

Aquí y ahora

no hay lugar para las dudas
ni siquiera hay sitio para mí
tengo que escapar antes de tiempo
y llevarme de vuelta a la cama
porque he vuelto a despertar
en ninguna parte conocida
y cada vez tengo una oportunidad
menos para llegar al sitio que
estoy buscando desesperadamente
la última oportunidad
no tengo razones para seguir
adelante
no hay ninguna razón para volver
atrás
ojalá tuviera una razón para estar
aquí y ahora.