Sin que yo supiera nada, Lady Day creía que Videmala era un Macondo. Eso sucedía en 2008, quizá 2009, quizá 2010. Casi con certeza diría que en el otoño de 2012 compartimos biblioteca y ya constatamos que yo no soy Jaio sino Víctor y ella era Upe. En cambio, ya no guardo certeza del momento en que me lo confesó: creía que Videmala era Macondo. Mucho tiempo después incluso vino a Videmala. Mucho tiempo después, en 2026, el nombre de Videmala salió en los votos de una boda en Granada, que no era la mía, ni la de Lady Day, ni la de nadie que procediera de Videmala, por eso alguien diría que era mágico aunque la referencia a Videmala se debiera a unos chorizos y pese a ello allí estábamos y pese a ello se nombró ese lugar que podría haber sido un Macondo.
A lo largo de esa boda cumplí 38 años. 38 son exactamente el doble de los 19 que tenía en mayo de 2008, cuando empecé a escribir este blog. Podría ser, por tanto, que haya pasado la mitad de mi vida escribiendo en este blog. Soplé la vela a la sombra del Veleta, aunque no había sombra porque estábamos al borde de un maizal en plena noche, y al lado corría una acequia, y acequia siempre me suena niño ahogado, y niño ahogado es tan lejano que podría haberse quedado en Macondo mucho antes de 2008. En ese escenario le prometí a Upe que volvería por este blog aunque las letras ahora habiten substack, ahora habiten newsletter, ahora habiten pies de foto, ahora habiten whatsapp sin enviar, escribir en el blog de nuevo aunque nadie lo sepa. La única certeza es la gran cantidad de eventos suceden de esta manera: sin que uno lo sepa. Por eso, quizá, Videmala podría ser Macondo e incluso podría haber blog para otros 19 años.