domingo, 28 de febrero de 2010

Fiebre-ro

Te he apuntado en mi agenda, Fiebrero, en la que tengo las citas con profesores, los trabajos y las cosas que se me van a olvidar rápido, y por eso mismo no sé por qué te he apuntado en esa agenda.

Empezaste despacio, con un treinta y uno de enero, paseando de resaca por la ciudad amarilla. Y ahora ya te has ido en forma de ciclogénesis explosiva. Te has ido en Oporto, te has ido en Zaragoza, te has ido en Salamanca, con Manuel, con Sandra, con David, con Arnau, con Víctor, con Nacho, con Marta, con Ana.

Has convertido en espejo tus cuatro semanas exactas para desorientarme ahora que vuelvo a la realidad, seguramente aparezca por algún lado un sombrerero loco y nos tomaremos un té cualquier tarde de estas.

Puede que ya sea Marzo y no estés. Pero no te preocupes, volveremos a encontrarnos el día que queme mis agendas, y arranque la página en la que te he escrito que el mañana nunca sabe.

viernes, 26 de febrero de 2010

La tormenta perfecta

Ha llegado
la tormenta perfecta en cada periódico
en titulares de telediarios
y golpea la ventana, cielo gris, ríos desbordados
ha llegado la tormenta perfecta
cuatro menos veinte de la mañana
doy tumbos por la muralla y abajo el
césped mojado;
cómo decirte que todo sigue igual
es decir
yo pensaba que las cosas en zamora podían cambiar
pero somos gente complicada
y yo bebía
y veía cosas, y oía cosas
y bebía
y pensaba que sólo deberíamos estar cuatro
y nunca debería haber mujeres
y nunca debería haber niños
ni niñas
que hubiera dinero para putas
que nunca se mancharan nuestras manos
sólo bares y cerveza
y una tormenta perfecta.
Dentro y fuera.


Esta mañana estaba sentado con mi pijama de quirófano dándole vueltas a mi leche caliente con miel, con la garganta estropajosa y voz de cantante de jazz. Han llamado a la puerta: era un señor muy amable del Gobierno. Me ha quitado mi L, la de Loser. Yo se la di, le estreché la mano, y me volví somnoliento a la cocina. Y me quedé dando vueltas a la leche preguntandome qué papel me tocará representar ahora. Pero eso vendrá en otra carta de la administración. Mientras tanto, tenemos que bailar.

jueves, 25 de febrero de 2010

Manual de instrucciones

Si usted está leyendo esto, es que está siendo víctima de un robo.
Es decir, no está siendo víctima de un robo: le estamos robando al banco, que a su vez son los que le roban a la gente. Como Robin Hood, ¿sabe? Pero al grano: está siendo testigo del atraco a un banco. Por favor, siga las instrucciones.

Mi colega y yo entraremos sin hacer ruido, probablemente ahora estemos a su lado y ni siquiera lo habrá notado. Yo soy el inexperto y él es quien lo sabe todo, por eso me está dictando este panfleto que tiene entre las manos. Pero yo pongo la imagen, por eso no puede prescindir de mí. Ah, bueno, las instrucciones. Pues quédese quieto o quieta. Nosotros nos estaremos dividiendo. Yo iré a ver al director de la sucursal con la sublime e increíble excusa de pedir un hipoteca. Una excusa arriesgada, pero eso mismo hará que se despejen sus sospechas. Mi colega mientras tanto querrá sacar doscientos cincuenta y cuatro con veinticinco euros en monedas de 2, 5 y 20 céntimos, por pura superstición. Parece que serán siglos lo que tarde: eso hará que se forme una cola magnífica que colapse la sucursal: cuanta más gente, mejor. Le prometemos que no habrá ni un solo atisbo de violencia.

Luego, como acabará antes de que se les ocurra concederme un crédito, me llamará. Se hará pasar por quien haga falta. Y yo se lo pasaré al director, que me mirará con cara de póker. Más cara de póker se le pondrá mientras mi colega le narra las exigencias. Él se reirá, y me devolverá el móvil. Yo, para mostrarle mis crueles intenciones, sacaré mi navaja de Albacete. Seguramente tendremos que matarlo. Pero dentro de su despacho, no lo verá nadie, no hay que montar un escándalo por nada, ¿eh?. Con el director fuera de juego tendremos en la mano todas las claves para concederle un préstamo a mi sobrino y a la novia de mi colega. Además me compraré ese Seat Ibiza a plazos que siempre quise. Y al cero por ciento de interés: vaya palo, tío.

Seguramente se esté preguntando el por qué de toda esta parafernalia tremenda para conseguir una mierda de condiciones económicas. Se estará preguntando si era necesario matar al director de la oficina, y si era realmente imprescindible cargar con los 75 kilos (aprox) de monedas que conllevan los doscientos cincuenta y cuatro con veinticinco euros en calderilla. Ahh, es que el plan no termina aquí. Ni tampoco empieza.

El director de la sucursal se estuvo follando a la que ahora es mi mujer durante los 6 años de noviazgo en los que ella me juró amor eterno y un apartamento en la playa. Pero él no me conoce, ella nunca le habló de mí. Al menos, no le habló de mi nombre y de mi cara, de mi altura, de mi peso ni de mi trabajo. Se dieron una tregua durante los tres primeros meses de mi matrimonio, lo noté, sus bragas dejaron de oler a Polo de Ralph Lauren. A ella la mataré de cualquier otra forma. Por ejemplo, trucando los frenos del nuevo Seat Ibiza y dejando el resto de pagos a nombre de su santa madre.

En el caso de mi colega, su venganza coincide con la mía en el punto en el que el cajero le atropelló a los 17 años provocandole una luxación de las últimas vértebras lumbares. Gracias a eso se terminó su carrera como obrero de la construcción en pleno apogeo de la burbuja inmobiliaria, y dos años después de abandonar para siempre los estudios. El conductor nunca pagó por sus actos. Hoy, mi colega le atará a los pies los 75 kilos de monedas y las manos a la puerta del ascensor, que hará subir hasta el séptimo piso.

Si usted está leyendo esto, es porque está siendo testigo de otra venganza de tantas. Disculpe el tiempo que le hemos robado con este panfleto. Si levanta la vista, nos verá salir triunfantes con la cabeza alta por la puerta principal de la sucursal. Tenga un buen día.

lunes, 22 de febrero de 2010

Disección

Traté de racionalizarte hasta el último extremo, lo traté de hacer sólo con el objetivo de convencerme de que podías ser la cosa más banal y estúpida que me había encontrado, y no esa mujer encima de un marmóreo pedestal. Por eso me sentaba y te escribía y te describía hasta el más mínimo detalle, para poder irte deconstruyendo.

Quizá ese fue el fallo, que empecé por deconstruir tu ropa, y claro, deshilachaba tus jerseys, desabrochaba con furia tus sujetadores, rasgaba con la mente tus vaqueros, y ahí estabas, desnuda, débil, inerme, ¿cómo podía seguirte deconstruyendo átomo a átomo, sumergiendome entre las células de tu tejido epitelial, en cada una de tus mucosas para que me absorbieras y fuera causa viral de toda tu enfermedad? Ese sin duda, sólo ese, era el fallo.

Yo quería racionalizarte hasta el final, hacer de ti por carpetas separadas un cúmulo de aspectos mínimos que tomados de uno en uno no tenían ni el más mínimo sentido. Mínimo, todo mínimo y esdrújulo. Yo quería hacerlo con toda mi alma y mi intención, pero aparecías y cada beso no era una mínima estupidez, era una sensación que de dejaba la espalda de alambre hirviente y cada vértebra estallaba, y mi hipotálamo estallaba, y mi corteza sensorial eran fuegos artificiales de una noche de junio a la orilla del Duero.

Luego me di cuenta que a lo mejor yo era el estúpido intentando diseccionarte con flores en el pecho y tu ropa deshilachada y tus besos ascendiendo por los haces posteriores de la médula, que la lluvia en la ventana de febrero anunciaba la Semana Santa y el Merlú me levantará otra madrugada, y tú estarás en cualquier otra parte del mundo construyendo una historia a base de las migas, átomos y células queratinizadas que yo he ido perdiendo mientras corría de un lado a otro.

sábado, 20 de febrero de 2010

El Plata (Zaragoza)


Veamos. No hay un modo de explicar esto sin que resulte llamativo. Pero creo que la intención de esto es ser llamativo, de modo que lo explicaré de todas formas.

Es una calle oscura de la capital del Ebro, las puertas del garito son naranja. Muy naranja. Demasiado naranja. Y dentro, mesas corridas, larguísimas, de colores. Y en ellas los abuelos se sientan en compañía de la parienta a ver cómo unas cachondas camareras les ponen en la boca chupitos en probetas que sujetan con sus atributos delanteros femeninos.

El Plata clama estar dirigido por Bigas Luna. Sólo eso podría explicar las jotas mañanas seguidas de clases de salsa, seguidas de streaptease masculino y femenino, cuerpos construidos a base de entrenamiento y de gimnasio y sacrificio, de danza del viente, de patinadores andróginos.Ah, y eso también podría explicar los 4 euros por un café con leche y los 8 por un gin tonic.

Pero el espectáculo esperpéntico, humorístico, deja un buen sabor de boca para el resto de la tarde. Y, si como yo, haces uso del gin-tonic a las 4, una agradable neblina para el resto del día.

jueves, 18 de febrero de 2010

Gora España

"Si me viese mi amatxo y me viesen los colegas
me colgaban en la plaza, por traidor y por idiota
[...]Gora España, ra ra ra"




Yo, que empecé hace un par de años a escuchar a Lendakaris Muertos, me hallé gratamente sorprendido esta mañana cuando por fin tres colegas de Euskal Herria se decidieron a salir públicamente del armario delante de toda Espanya y parte del extranjero, sin oculta un ápice de toda su emoción por la camiseta nacional, que nos une en 90 minutos de angustiosa gloria.

Y me quedé gratamente sorprendido, porque los buenos de Lendakaris profetizaron el futuro de la banda hace ya unos añitos, que se ha visto materializado hoy mismo en todos los tabloides deportivos y generales del kiosko medio, en todas las televisiones, fuesen de donde fuesen. Hoy Iñaki de Juana Txaos le está dando infinitas gracias al Facebook por adelantar a los cachorros armados a su tiempo, al sentimiento de todo un pueblo, que en realidad, cada vez que pone una bomba lapa, sólo está deseando que Raúl marque el gol que nos dé el Mundial de Sudáfrica, y poder gritar agusto: "Gora España!!"