sábado, 31 de enero de 2009

Libre

Presiento que tras la noche...vendrá la noche más larga...

jueves, 29 de enero de 2009

Crush Syndrom

Me cazó, me cazó de lleno. ¿Cómo iba a saber que sus ojos eran verdes? Pero sí, eran verdes, eran verdes como el puto cielo, como la peor rana a la que hayas besado. Y yo mirándole a las tetas, claro está. Aunque tampoco logré adivinar su talla de sujetador, es una suerte que no me lo preguntara. Es que hay noches en que la balanza está del otro lado. O tienes a la chica o tienes la música. Y ayer tenía la música, claro que sí. Me metieron un disco entero del Boss que la hizo bostezar, pero que me hizo estremecerme. Luego cambiamos de bar, y tenían un grandes éxitos, con la Creedence, Van Morrison, los Beatles, Clapton, luego me pusieron Calamaro. Y mientras yo escuchaba sus mil historias, y la miraba insistentemente a los ojos, ni siquiera para disculparme, porque ahora sólo quería bañarme en verde, y en las cañas que nos bebíamos, y yo hacía lo que podía con mi uña negra, hacía lo que podía con mis mil comentarios a destiempo, hacía lo que podía con mi boca. La vida es injusta, y no lo puedes tener todo, me enseñó mi madre hace años. Yo la oía, y oía la música, y me bañaba en su mirada, y de vez en cuando nos reíamos y bostezábamos, y yo sabía que nunca pasaría que ella y yo juntásemos nada más que el vaso. Así me iba, en las noches de invierno con lluvia, que me daba por reir, y por soñar estupideces en las que le daba la vuelta a todas las realidades y me despertaba pensando en la clase de vida que tuve y por qué me decidí a no cambiarla nunca. Y es que la chupa de cuero de mi abuelo tenía más significado que forro.

martes, 27 de enero de 2009

Paradoja

Hay carteles en paredes que prohíben fijar carteles en dichas paredes. Hay agujas que metes para evitar que se metan agujas. Hay incendios para quemar bosques que de otra forma se quemarían también. Revientas una bomba para evitar otra explosión.

Hay cientos de contradicciones, dentro y fuera de tu mente, cada día y segundo tras segundo. No tienes un reloj atado a tu muñeca, tú estás atado a ese reloj, y lo miras insistentemente, como mirabas a tu madre de pequeño para pedir algo. No pasa el tiempo, pasas tú, y de lo que haces o dejas de hacer no depende el destino del mundo, sólo depende el destino de tu coche. De tus pasos, de tu cena.

Luego te levantas cualquier día, y nunca sabes si sigues despierto, si sigues soñando, o si alguna vez hubo un tipo llamado Descartes que dudó, como tú. Y te preguntas si era simplemente un producto de tu imaginación, si Descartes era otro sueño; no, mejor aún. Te preguntas por qué se te ocurren estas cosas al ver que en la pared hay un cartel que prohibe fijar carteles.

domingo, 25 de enero de 2009

Fotografía




La de la foto es mi amiga Mer con su novio, una pucelana simpática que estudia biotecnología, y a la que conocí en París, por cosas de la vida. Llevo como unos tres meses sin verla. Mi abuela compra el periódico infaliblemente domingo tras domingo, y como de regalo con La Opinión viene el Magazine, pues me suelo parar a mirar las fotos, las firmas reseñables y los reportajes, habitualmente de buena calidad.

Resulta que dicho Magazine organiza un concurso anual de fotografía amateur, este año recibieron unas treinta mil fotos. [La foto ganadora no me ha convencido en absoluto, pero bueno, juzgad vosotros ] Yo estaba ojeando las fotos finalistas esta tarde, y me pareció ver una cara conocida, la de Mer, concretamente. Un tipo este verano sacó la susodicha foto en blanco y negro en la playa de Gijón, y ha quedado finalista en un concurso, mira por donde. Le mandé un mail, y un par de horas después me llamó taquicárdica al móvil.

Que si le hacía mucha ilusión, que si tal que si cual. Que menuda casualidad, que era una suerte que lo hubiera visto, que ya me lo pagaría. Yo, en cambio, pensé que era ciertamente triste que alguien, violando tu intimidad con una cámara de fotos, gane un concurso, o algo así. Y lo que es peor, que ni siquiera te enteres. Que si hubiera sido yo, de haberme enterado, no me habría hecho maldita la gracia. No hablo de denuncias como los americanos, pero... en fin.

Curioso hecho el de internet y derivados. Alguien saca partido de tu momento de felicidad, porque al fin y al cabo la foto en blanco y negro de Mercedes no deja de ser mas que eso. Tú eres feliz y haces feliz a alguien. Y luego, como es en blanco y negro puedes verlo como el reparto universal de alegría, o alguien que ha sacado provecho de tu ingenuidad, todo depende del lado que estés.

sábado, 24 de enero de 2009

No me llames iluso

Ayer hice una quiniela. Dos columnitas, sin más. Porque me apetecía, porque llevaba varios años sin hacerlo, y tenía la impresión de que este curso me iba a tocar algo gordo. Así que en Santa Clara, con David, entramos en la administración de lotería, e hicimos un par, por aquello de evitar problemas compartiendo el premio. Un empate del Osasuna me ha dejado sin unos potenciales 4 millones de euros. Qué putada.

Cuando era pequeño y bajaba a casa de mi abuelo los sábados por la mañana, mi abuelo me ponía a marcar una columna del susodicho boleto. Al principio, los marcaba al azar. En escalera, o como surgiese. Mi abuelo, medio ciego, creo que nunca se enteró. Luego ya empecé a entender de fútbol, pero tampoco hubo suerte. Luego lo dejamos, luego mi abuelo murió, y ahora aparte de echarle mucho de menos, me da por acordarme de él cada vez que hago una quiniela.

Ayer lo que nos hacía verdaderamente felices fue caminar durante media hora pensando en voz alta lo que haríamos con ese dineral. Ya sabeis, el cuento de la lechera. Mi Ferrari, las vacaciones en el culo del mundo, que le den a los exámenes, el pueblo, esas cosillas. Media hora de sonrisas, idiotas, ingenuas, por un euro. Los puticlubs salen bastante más caros, pensándolo bien. A mí ya se me ha roto el cántaro, pero sigo confiando en David, que marcó la X en una de sus dos columnas. Confío también en que sepa compartir, llegado el caso. La ilusión, como la pasta, se comparte, aunque la pasta cuesta más soltarla.

viernes, 23 de enero de 2009

Sitio

Él estaba en la cola del bus, y se le puso a cinco centímetros de la cara, se levantó el jersey y le mostró la placa y la pistola.
- Documentación, chaval.
Acojonado, le pasó el DNI, que tuvo que recitar. Luego, el otro le hizo un gesto con la cabeza, en ese plan de "vete, y no peques más". No sólo los curas le han hecho daño al país, los maderos también han llenado de mierda las aceras, a base de cargas cuando iban de gris, pero ahora que han cambiado su color siguen teniendo la misma cara de cabrones.

Después vienen todas esas escenas de autocomplacencia, en las que él se dibuja en situaciones diferentes, reaccionando como se supone que debería reaccionar. Se imagina a sí mismo en peleas de bar con los nudillos sangrantes, pero con el corazón batiendo en la jaula de huesos a doscientos. Todas esas cosas pasaban dentro de su cabeza únicamente, pero él le iba poniendo diálogos, personajes nuevos cada dos noches. Años le llevó hacerse a sí mismo, noches al pie del cañón, y demás familia de sacrificios que le hacían dormirse al contacto con la almohada y despertarse al olor de café pasado.

Al final, porque siempre hay un final, la escena que dibuja en su mente pasados los años es la de la cola del autobús que volvía a su ciudad, y ahora es él quien lleva la pipa, y amenaza al pelanas veinteañero, siente cómo el otro siente miedo, se alimenta de ese miedo, y se va a trabajar, a trabajarse, con algo menos en su vida. Pero también en la del otro, esa es su fuerza.

jueves, 22 de enero de 2009

Getting dark, too dark to see

Hay escritas infinitas palabras que no voy a leer nunca, en libros de todas las formas, tamaños y colores; hay escritas infinitas canciones que no voy a escuchar jamás, en la radio o en discos de vinilo, platino y cassetes; pero sé que llegará un día en el que se acabarán las combinaciones de las 28 letras, y de las siete notas en todas sus escalas, y entonces habrá quien se pregunte por qué hemos tirado miles de horas sin pararnos a coger un libro, o llenarnos los oidos de música, y sin embargo hemos malgastado media vida leyendo anuncios en la carretera e intoxicándonos con melodías absurdas que digan que nos sobra el amor.