sábado, 26 de noviembre de 2011

Los buenos tiempos

porque tu oración me dio en toda la cabeza:
bailemos por los que no pueden
("Los buenos tiempos" David González, poeta)

Salimos de la antigua sala de autopsias, y, aunque no os lo creáis, allí hacía más frío, con la mesa de mármol y la lámpara blanca y el polvo que hacía corros en el suelo y los cables en espiral, abandonados, salimos de la antigua sala de autopsias y fuera todo era más cálido, así que de pronto, al montarnos en el coche aún en silencio lo pensé: pensé que quería estar vivo, que quería llegar a casa y tener frío o calor, que quería correr y sudar, que quería que vengas mañana y bailemos juntos aunque sólo sea una vez, bailemos por los que no pueden, lo supe al recorrer el pasillo y ver las pintadas que afirman que la noche no es de nadie, que la noche es negra y blanca, fuera hace frío y no juega ningún niño y nuestras vidas se acaban yendo aunque se enrollen sobre sí mismas como los cables de la lámpara en la antigua sala, podremos girar sobre nosotros mismos hasta hartarnos, pero esto no habrá servido de nada si seguimos notando el frío, si seguimos en silencio dentro del coche, hasta que enciendo el radiocassette, arranco una conversación banal, echo de menos un cigarrillo y pienso en todos los buenos tiempos que aún no hemos gastado, que sea de mármol el suelo y no la mesa, que vayamos a morir de calor, que, por favor, volvamos a bailar juntos. 

viernes, 25 de noviembre de 2011

Juego de pies

Todas las leyes físicas se han puesto de acuerdo para que los pies sean la clave del juego, los que te hacen correr y los que te llevan a esconderte, los que te elevan y también los que te hunden. Hay quien sabe dónde tiene los pies pero no dónde la cabeza, hay quien se viste por los pies y hay personas a cuyos pies uno se echaría. Pero al final todo ese cúmulo de gente acaba perdiendo terreno frente a los que reúnen la simple cualidad de tener los pies en la tierra. Usted elija el lado que más le plazca, pero tenga en cuenta que, físicamente, sólo es factible despegar desde abajo.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

lana

Ahora engrosan las colas del paro todos los que antes falsificaron mantas para las casas que crecían en los suburbios, casas como la que nosotros habitamos, dónde están ahora esas mantas mientras, congelado, estiro un brazo para agarrarte sobre las sábanas de nieve, y si te estiras para agarrarme y no me encuentras, no te preocupes, me habré ido sin ruido, estaré tejiendo para el invierno que se asoma, ocuparé las fábricas que ya nadie usa y con la lana que encuentre en el camino, prendida en los matorrales, haré nuevas mantas de colores con parches de colores para tapar agujeros de colores que nos cubran los pies, fríos, fríos, volveré por la mañana cuando tú todavía duermas y te cubriré en silencio, sin que abras los ojos, te dejaré allí arropada, quieta, me iré a la cocina a por café, pero si me canso de esperarte en ese reino de azulejos de hielo volveré sin ejército para anexar tu territorio, de modo que sean mis noticias de guerra relámpago las que te despierten, por eso no tendrás más remedio que firmar la rendición y guardarte cláusulas en el tratado de paz para que yo me duerma tranquilo soñando que te vengas de mí, hasta que suceda, y amanezca por fin con tu deseada venganza.

martes, 22 de noviembre de 2011


    puede que el tiempo te dé la razón
    pero no queda tiempo, hoy es el día
    (Nacho Vegas)

    [...] - ¿Y, cómo recuerda usted todo lo que vino después?
    - Verá. Lo de después se trató básicamente de dejar las películas a medio ver. De dormir muy poco y de pasarme los días con ojeras y soñando despierto. Se trataba de conducir al trabajo entre la niebla, de mirar por la ventana con la solemne intención de que nada había pasado. Lo de después era verse en todas las canciones, mirar el teléfono como una puerta interdimensional. Pasar las tardes en silencio leyendo en el sofá.
    - Pero, ¿fue algo reseñable?
    - Claro que sí. No fue el otoño post-apocalíptico previsto. Sin parecerlo, fue algo mucho más allá. Como cuando alguien se deja encendida sin querer la calefacción por la noche y, sin darte cuenta del hecho, duermes mejor porque tienes mucho menos frío. Luego te levantas y los días son más agradables.
    - Si pudiera, ¿cambiaría algo de aquel tiempo?
    - No. Uno nunca sabe cómo podría ser todo, si todo fuera diferente. Pero no cambiaría nada de aquel período. Todo era simple y ordenado, los compases estaban bien sincronizados y las hojas se iban cayendo como los días. Sin tener demasiado claros los mecanismos, diría que incluso fui feliz.
    - ¿Fue feliz, entonces?
    - Sí. Es peor ser feliz, porque sabes que después de arriba viene abajo, sabes que tu suerte acaba cambiando de signo. Pero aunque vivas con la sombra del descenso al otro lado de la esquina, si eres capaz de recorrer el camino con la cabeza alta, sonriendo al cruzar la plaza mayor o un paso de peatones, ya has logrado algo.
    - Por terminar, ¿se atrevería a poner un titular?
    - No puedo, no sabría, ese es su trabajo. Si yo reseñase un solo hecho, aunque todo hablase de un solo nombre, estaría traicionando una época. Y esa época quiero conservarla tan íntegra como intenté vivirla, como unos meses que no fueron un otoño ni un conjunto vacío, unos meses que ahora son ese libro.  [...]

viernes, 18 de noviembre de 2011

Erecciones Anticipadas

Cuenta que vio el futuro en una explosión nuclear. Que los cuantos, más veloces que la luz, abrieron un agujero negro unidimensional al que pudo asomarse durante unos breves instantes que le parecieron horas. Sería cosa de la relatividad. Allí estaban, con sus vergas al aire como mástiles de velero que surca los mares. No habían precisado de unas primarias para sufrir sus primeras erecciones anticipadas, y en esta jornada de reflexión sólo piensan en sus tronos calefactados para poder pasar este invierno nuclear causado por la bomba gracias a la que yo, y media España más, hemos visto el futuro.

jueves, 17 de noviembre de 2011

balasto

me preguntas si como yo son los demás;
ni lo sé, ni lo quiero pensar
(Sr. Chinarro)

he soñado con tu sexo hirviente, me lo ha recordado la mancha de la cama, ya no era noviembre sino julio y mi espalda era de regadío, después desayunábamos en el balcón que no tengo con las vistas que sí que tengo, te hacía fotos y te reías, porque pasaban al álbum de mis padres, el de las tapas granates, donde duerme para siempre 1979, pero no, despierto y mis padres ven la televisión en el comedor bajo los cuadros de caza y la cerámica portuguesa, a veces me pierdo si pienso en ti demasiado rato, a veces me pierdo si no lo hago, porque sigo siendo noviembre y tú sigues siendo lo que me salva sin saberlo, sin estar aquí, tendría que matar demasiada gente para contarte esta historia, esta historia de mañanas con niebla y tardes con sol, esta historia a 33 revoluciones por minuto que si se pone en el tocadiscos equivocado suena horrible, pero que aquí y ahora suena cojonuda, ¿no te quedarías esta tarde también escuchándola? quédate, todo será familiar, no he movido un solo cuadro ni he rehecho a lápiz las fotografías, no soy nadie que no conozcas ya, soy el tipo que sueña pero que sabe que la realidad siempre llega a coger el autobús mientras tú te quedas en tierra y son las 7.30 de la mañana, a dónde vas a ir si los bares de viejos en los que tomar café ahora son clasistas, sirven gin-fizz, cierran a las 11 de la noche, pero ya ponen tazas de desayuno ni churros grasientos con los que manchar el periódico, que ya trae bastantes manchas, las manchas que dejan las vidas como las nuestras, las que les va bien, sin más, las de vacaciones con cassettes en la A-3 y arena en la toalla, que te invitan a algo en nochevieja si subes a felicitarles el año antes de salir a beber, vidas que se pudren un poco al sol pero que dan envidia por cómo circulan sobre el balasto, vuelve, no te vayas, vuelve, si quieres hablaré de ti igual que hablo de otros, pero es mejor soñar contigo que hablar de ti y como estás callada puedo imaginarme lo que quieres, incluso puedo imaginarme lo que quiero, pero esa si cuento esa historia tendría que matar a demasiada gente.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

500 (q.u.i.n.i.e.n.t.o.s)

Entre borradores y entradas publicadas, esta hace la número 500 del Blog. 3 años y medio, desde Abril de 2008. En el antiguo espacio de Windows (que Windows se encargó convenientemente de borrar para siempre) había otros dos años (desde Marzo de 2006) más de intentos de literatura. En resumen, he escrito mucho. Y vosotros lo habeis leido. Casi 20.000 visitas desde que puse a funcionar Google Analytics en Mayo de 2009. ¡¡Enhorabuena!! ¡¡Muchas gracias!!

 Esta noche, repasando archivos, me preguntaba: ¿por qué escribo? Escribo por mí. Para liberarme. Escribo para sacar de dentro alegrías y penas, miedos y sueños. En este tiempo me he descrito, aún a veces inconscientemente, he descrito mundos paralelos que no dejaban de ser el mío, y eso me ha salvado más de una y de dos veces. Pero también hay otra parte menos egoísta, la de escribir por compartir. La de escribir por crear. Escribir por mejorar y seguir mejorando. Incluso escribir por agradar, escribir por cumplir. No negaré que lo he hecho, ¿quién no es un poco complaciente?

 Este blog me ha dado grandísimas satisfacciones. Es un campo abierto en el que corro como quiero y hacia donde quiero. Es el espacio en el que puedo recrear todas las partes que no caben en la realidad. Las historias que he dejado a medio vivir, las que he soñado con vivir, las que otros han vivido por mí, las que otros me han contado. Cruces de calles a los que me he asomado, autovías que siempre viajan hacia el oeste. Vidas y venidas, muertes y resurrecciones. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, pero siempre corremos en rutas paralelas, aunque no nos toquemos. Este blog puede ser literatura o no serlo. Pero es útil. Me es útil. He conocido gente gracias a él. He perdido gente gracias a él. He mejorado y he empeorado. He tenido temporadas prolíficas y he cruzado desiertos que ya quisieran para sí algunos. El blog suele hablar de amor, porque me encanta el amor en todas sus acepciones. El amor como pérdida y derrota, el amor como expresión de la carne y las putas en la carretera, el amor como victoria efímera pero inigualable. El amor mueve al mundo más que el dinero. Y eso me gusta, por eso me gusta escribir de amor, aunque a veces tenga que sonar a odio. Me gusta reírme, me encanta el sarcasmo y la ironía. No entiendo la vida sin sacar una vuelta de tuerca a la realidad, que ya de por sí es absurda. Por eso afirmaría que el segundo tema al que más recurro es al humor. Hay que reírse, en primer lugar de uno mismo. Odio a quien intenta dar lecciones desde estas tribunas.

 Los blogs ya no viven su momento dorado. Las redes sociales van desplazándolos, en este mundo de la inmediatez. Nadie lee en internet ya, sólo escanean con la vista. Por eso toca reinventarse, hay que dar en píldoras lo que antes se podía dar en largas páginas. Los lectores de Metro y Autobús, los lectores de dispositivos portátiles, los lectores de diez minutos previos a acostarse, exigen nueva comida para sus ojos. Uno hace lo que puede, consciente de que al final, todo pasa y todo queda. Y lo nuestro, lo vuestro, lo tuyo, que lees esto, y lo mío, que lo escribo, también es pasar.

Pasar, si se pueden, otras 500 entradas más. Y luego celebrarlo como se merecen. Con amor y humor, si se puede. En los bares, si nos dejan. Riendonos de todo y de todos, siempre escribiendo, siempre en la brecha.

¡Un abrazo fuerte!

 pd: para Jaio, todo empieza y acaba con esta canción