jueves, 27 de octubre de 2011
ser valiente no es sólo cuestión de suerte
"no saben que han cambiado las cosas
no saben que han llegado
la libertad
y la democracia
a este país"
y todo lo que aún queda por hacer
lunes, 24 de octubre de 2011
Andar por casa
A nuestro paso por las ciudades seremos flores atadas con celofán a las farolas coronando pasos de peatones, y jirones de niebla que corren por encima del agua cuando cruzamos el río para ir a trabajar, sólo eso, homenajes efímeros a héroes anónimos. Candados en los puentes, graffitis en las paredes, folletos semanales de publicidad en los buzones. El precio de lo cotidiano es el que te marca la piel, la que huele a lejía después de limpiar el cuarto de baño, el calor instantáneo de los radiadores eléctricos, el tacto húmedo de las toallas cuando otros se han duchado, los hilos de sangre en pañuelos de papel y el moho de las naranjas. Somos rostros en la masa que nunca luchan por sobresalir de la cartilla sanitaria, lo dicen las salas de espera en los centros de salud. No nos va a matar el tabaco, sino los martes de lluvia a los que tendremos que sobrevivir mirando por la ventana del cuarto de estar, pero, en cierto modo, para las generaciones que no nos ganaremos la eternidad en un campo de batalla, la eternidad de la monotonía será al mismo tiempo cielo e infierno.
domingo, 23 de octubre de 2011
Sirte
/la noche se esta cayendo y con ella cae el tiempo/la noche no sirvió de nada/ Cuando cruzamos el desierto nadie me avisó de la guerra y el Suzuki se caía, pero de noche encendíamos fuego y contabamos historias de liberación, cantábamos canciones de liberación. Una mañana llegamos a un oasis, yo pensaba en el agua como deseo, la antítesis de la arena, pero allí no había nadie, quedaba gasolina en barriles oxidados del Afrika Korps. /no one learned from your mistakes/ we let our prophets go to waste/ Había entrado demasiado polvo en la toma de aire elevada, y estábamos allí parados a nuestra propia sombra. Muy poco tiempo teníamos, muy poco tiempo nos hacía falta, quién necesita tiempo. Nunca tuve un kalashnikov ni una kefia. Nunca estuve en Afghanistán. Tenía el estómago en la garganta, nos callábamos. /elle a du faire toutes les guerres/ de la vie, de l'amour aussi/ Los tiros se aproximaban por el noroeste, a la sombra de nuestra sombra no hacía frío ni tampoco calor, aquello era el desierto y nadie nos avisó de la guerra, pero habíamos perdido. Las civilizaciones antiguas se hundieron entre piedras y se cubrieron con varios estratos, quién encontrará las balas que no hemos tenido para salvarnos. /and my eyes don't recognize you no more/ for reasons unknown/ La tumba del dictador y el monolito de la Place de la Concorde apuntan al cielo, y en el cielo no hay nada, no hay nubes, no hay más que la náusea porque somos aquí extranjeros, nadie tendrá piedad de los bereberes albinos, mientras me mareo y quiero vomitar tú no me miras, tú estás soñando con escupir y con un kalashnikov, sueñas con el cielo y yo con arena, qué diremos cuando lleguen. /tiembla como si fuera la primera vez/ como si fueras a largarte después/ Sus camisas abiertas, nuestros monos verdes, sus pieles sucias, nuestras uñas negras, sus barbas de revolución, nuestras nucas empapadas, sus sandalias, nuestras botas. Todos juntos y un abrazo que ya no será. Has girado la cara, he perdido la guerra. Para mí el coche, el fusil, el tesoro nunca encontrado, para ti las presas abiertas, incluso los sueños. La tumba y el monolito, pero en el cielo no hay nada. Suenan disparos muy cerca. He perdido, ya no puedo preguntarme si luché bien, corre y salvate. /i sentiu l'eternitat al vostre davant/
Super Pippo
Nadie debería morir. Nadie debería morir con 24 años. Nadie debería morir haciendo lo que le gusta, o quizá sí, todos deberíamos morir haciendo lo que nos gusta. Decía Miller que lo más bonito que te puede suceder es morir en medio de un orgasmo, y sin embargo está ahí, es la muerte, entras en la trayectoria y nadie te puede salvar, la sonrisa no es ya una sonrisa, y el pelo de payaso no amortigua, cuando todo se acaba en segundos y nadie debería morir, nadie debería morir con 24 años, nadie debería morir haciendo lo que le gusta, opine lo que opine Miller. Descansa en paz, Marco Simoncelli.
sábado, 22 de octubre de 2011
Alcaraván
Diga'm quantas cops t'has sentit sola enmig del món
sense trobar el teu lloc
(Sopa de Cabra)
Tú sabrás que eres tú, porque lo sabrás, sabrás cómo nunca seremos felices y siempre lo estaremos siendo, sabrás que me he metido todas estas bolsas de ketchup en la pechera para sangrar al primer disparo y que te rías, te reconocerás vestida en blanco y negro salvando al mundo pero sin salvarte a ti, ni yo tampoco te voy a salvar, ni me salvaremos, porque antes de conocernos ya caminabamos en esta ruta de una sola dirección que no tiene por qué ser la muerte y aún así no es menos terrible, todo lo que hagamos será tan divertido como siniestro, igual que mirar al sol y entrecerrar los ojos adivinando la sombra que está un par de pasos más lejos, te verás encajada en el silencio como yo en las palabras, serán las antípodas o el peor pueblo que hayas visto, y será o no será, pero siempre seremos mientras queden días como hoy que me recuerden por qué fuiste tú y ninguna otra.
jueves, 20 de octubre de 2011
el hombre, el mito (III)
[...] Johnny miró a aquel hijo de puta que le estaba vendiendo un televisor. Lo miró y con un golpe seco puso un taco con 5.000 pavos en billetes pequeños encima de la mesa. Lo siguió mirando. El hijo de puta sacó una botella de champán barato y una cubitera, hizo una llamada de teléfono, cerró la puerta de la tienda con dos vueltas de llave. Estuvo a punto de arrodillarse y chuparsela. Johnny estaba asqueado. Cualquier cosa se podía conseguir con dinero. Lo difícil era conseguir el dinero. Johnny, sin ir más lejos, había tenido que romper tres piernas por aquel taco de billetes. Johnny se preguntaba si valdría la pena romper otra pierna más por un televisor en color. [...]
miércoles, 19 de octubre de 2011
Las afueras
No importa dónde hayamos nacido ni dónde vivamos, porque cada uno de nosotros somos los suburbios, los tenemos dentro como construcciones repetidas hasta el infinito, todas nuestras calles se parecen y por las noches dan miedo si no están iluminadas, cruzamos de acera para evitar lo que tememos y apenas llegan líneas de autobuses. Pese a todo, siempre queda algún descampado donde, de verano en verano, alguien prende fuego y entonces vienen los bomberos y salimos en las noticias, es entonces cuando parece que existimos realmente, justo cuando alguien se acuerda de nosotros.
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