jueves, 21 de julio de 2011

Amigos para siempre


Amigos para siempre nainonaironainora/ Camps y Barberá se dan la mano, los besos, se arrodillan, se tocan, se tocan mucho y por detrás suena el Hit de Los Manolos en un chiringuito. Mientras sirven paella recién sacada al aire fresco de la playa de la Malvarrosa, en Madrid Mariano se está frotando las manos con todos los helados que se va a comer en Marzo, así que no le importa en absoluto estar pasando calor en Génova durante Julio, y manda a Federico a Valencia por la A-3, sin retenciones (fiscales). Espe y Alberto se abrazan en un tango eterno de amor y odio, pensando que su drama siempre podría ser peor, que lo suyo es puro teatro y que entre bambalinas ellos ya se han quitado los trajes, han matado al sastre y al emisario, han puesto otros JJ.OO. donde los demás ponen GP's, pero lo mejor de todo es que acabarán abrazados todos bailando un hula-hula ritual alrededor del Cordero de Camps que se ha sacrificado por el bien de los dos, en una suerte de aquelarre con sangría, chopitos y otra de bravas, abrazados al son de las urnas y los mercados, que desde hace un tiempo en este país hablan con voz propia porque los millones (¿qué millones?) esos ya se fueron hace tiempo al limbo, y aquí huele a podrido, no sé si porque nos están colando el muerto o porque a alguien se le ha cortado la mayonesa, que para eso es verano. Y no te engañes, aunque les veas las caras descompuestas, ellos siguen igual de bien, amigos para siempre.

miércoles, 20 de julio de 2011

Otros que no son yo

I.
Bastan las palabras para amarla. Son suficientes para cubrir la mediocridad del abismo, son suficientes para pintar el agujero en la pared, pero no tapan del frío. Bastan las palabras para hacer arder las fotos de la carpeta, para golpear al estómago. Pero al final la calle siempre está apagada, la esquina es del mismo naranja y desde la ventana el paisaje no ha cambiado.

II.
Nuestro antihéroe crepuscular se oculta en las terrazas de verano, toma combinados y parece confundir sus treinta años con su adolescencia, pero en cada conversación se tuercen los caminos, aflora la angustia como el cadáver que se ha desprendido de los zapatos de hormigón. Nuestro antihéroe le da sentido a su vida según las palabras de su madre, rodea los lugares comunes y salta las preguntas embarazosas. Todo es demasiado caro, nada es todo lo satisfactorio que debería. Al volver a casa la palanca de cambios es el símbolo fálico de la reconciliación con su ego, y piensa en cómo un solo año de su vida ha doblado cada hoja.

III.
Los cuentos de hadas no contaban nada de lo que significaba mirar desde fuera, no hablaban de la cara B. Algunas de las mejores canciones de los Beatles están en la cara B, pero este no es el caso, porque las canciones que cantamos no las escuchan. Las fotos contienen caras de otros que no son yo, y ese es el verdadero drama.

IV.
Las noticias deberían tener más sitio para la gente normal, pero entonces no serían noticia, nadie pagaría por leer periódicos. Las noticias son oscuras, te revuelven el estómago, caminan contigo para hacerte sentir acompañado, son ese helado que tomabas de pequeño nada más acabar el curso, el que te condenaba a tener dolor de garganta hasta agosto. Las noticias, que en realidad es lo peor, pueden dar muchas vueltas, pero acaban por dejarte de lado, y si no estás allí, no existes.

V.
Ella está preciosa. Preciosa, simplemente. No soy nada más y nada menos que Napoleón ante las pirámides de Gizeh. Hitler ante la Torre Eiffel. Los talibanes delante de Buda. Tengo en la mano la posibilidad de la destrucción absoluta y, sin embargo, me temo que me quedaré parado con la opción de la derrota aplastante para salvar la belleza. Pero, a mí, ¿quién me salvará de tu belleza?

VI.
Cada paso le aleja. Son caminos que una vez fueron asintóticos, acercándose sin llegarse a tocar nunca mientras tienden al infinito, y que ahora se salen de los ejes de coordenadas. Cada paso le aleja, y lo sabe, pero sigue dando cada paso seguro, firme. Está convencido de la imposibilidad, y esa aceptación del fracaso le da alas para estrellarse a placer. Podría recordar el olor, pero a este sabor jamás se acostumbrará.

VII.
La luna sigue subiendo. Ya bajará. Me puede el sueño, y quiero dormirme. Allí seré verdaderamente libre, sin ataduras. Ni las tuyas ni ninguna otra. Allí pasaré horas entre los vestidos que no te vas a poner y los zapatos que no te pienso regalar. Allí la historia será la que yo quiera, allí respondes a cada mirada mía, allí me besas, allí te escribo el libro que te prometí, allí follamos hasta que la luna baje del todo. A veces ni siquiera follamos, sólo te miro, te estaría mirando toda esta noche. Dame la mano, te estaría mirando toda la noche. Dame la mano, quiero mirarte toda la noche. Dame la mano, tengo que irme. No te olvides de tapar mi cara con fotos de otros que no son yo.

jueves, 23 de junio de 2011

Barrio San Vicente (SA)

Me cruzo con dos putas y sus tacones. Se ríen al verme salir de entre los arbustos, de la escalera que cruza la ladera del barrio, siguen caminando calle abajo. Saben que yo no soy la mercancía. Sigo subiendo. El tío de la basura es el cantante de Lynyrd Skynyrd. No murió en aquel accidente de avioneta, ha seguido envejeciendo con un cigarro en la barba y un mono de trabajo reflectante, ahora lleva gafas y la gorra azul con la visera hacia atrás. En mi calle hay unas zapatillas colgando de un cable. Se pasa droga, no son neo-románticos adolescentes. En mi barrio no se ríe ni dios. La ambulancia de la Cruz Roja hace estación en la esquina todas las madrugadas para repartir metadona. Esto ya no son los ochenta, la heroína no cuelga de los árboles y hay que meterse algo. A mí me ha parado la policía unas cuantas veces. La última borracho. Querían saber a dónde iba. Me dijeron que el barrio era peligroso, que vendían droga. No te jode, gilipollas, he pasado más horas que tú aquí, en esta caverna que se asoma al río. La ley no la poneis vosotros, la ponen los romaníes. No hay más que verlos en las tardes de verano, dominando la manzana triangular sentados a la puerta de sus casas, dirigiendose entre ellos a voces, cantando por bulerías, imponiendo las normas matriarcales desde sus furgonetas familiares con cristales tintados y llantas cromadas. La princesa que yo busco no es de este mundo. Ella no tiraría los zapatos de tacón a un cable telefónico, no cruzaría por el solar y la escalera mágica para llegar antes, no soportaría verse en plena noche en la misma calle con cuatro gitanos y dos putas. El tío de la basura pasa incansablemente con su manguera. Hay quien deja el coche fuera para que se lo laven los empleados municipales, aunque esto no es la ciudad, es otra ciudad diferente, en miniatura. Aquí los de fuera pueden pasar tranquilamente por la mañana, cuando todo parece normal, pero desde las 6 de la tarde sólo los que vivimos dentro del recinto sin murallas sabemos cómo te la juegas simplemente con no mirar bien cuando cruzas la calle. Hay rincones en el barrio que aún son un pueblo. El banco debajo del almendro no es de nadie, allí no llegan las putas ni la droga, es el fin del mundo y después se acaba todo aunque no haya mar. Te puedes sentar a ver el sol de mediodía, y vendrán abuelos a hablar contigo de cuando todo esto esta empedrado, verás cómo matan a los gallos cortandole las venas de la nuca y los cuelgan orgullosos mientras se desangran en una olla, las viejas te contarán de los hijos que han visto irse, o morir, o quizá sea lo mismo. Y los nombres propios, y la piel de campo, oxidada de viento y calor, muy lejos del bronce solar que lucen en la plaza mayor, en los barrios ricos que están a años luz de esta cloaca que en verano toma vida, las cucarachas salen a las aceras y le quitan el sitio a los caniches, suena Camarón en los patios interiores para las noches de bochorno sin estrellas. Yo abro el portal y siempre, siempre doy la luz. Siempre tengo miedo cuando la puerta está entreabierta. No he visto brillar nunca una navaja de cerca, nunca me han dado el palo en esta zona. En cambio sí en la zona rica. Pero aún así tengo miedo no sé a qué, porque sí se a quién. Al camello que vive en el bajo. A su mujer que se pavonea. A los Mercedes matrícula de Cádiz, a los Renault Clio con las lunas oscuras, a las pintadas de las tapias, a las miradas de recelo que se cruzan, a los bancos de madera sin guitarras. Mi reino no es de este mundo, mi princesa tampoco. Puede que llegue lejos si salgo de esta alcantarilla que es tan negra que muchos no sabrían ni dónde tienen el agujero del culo, puede que llegue lejos si me voy, pero la verdad es que si no hubiera venido, no sabría dónde tengo el agujero del culo. Quizá, pienso mientras me duermo con la ventana abierta, quizá esas putas estaban equivocadas y yo sí soy la mercancía.

martes, 31 de mayo de 2011

La amarga lucha del pepino

Españoles todos.

En estos días oscuros en que esos hijos de nibelungos y encarnizados enemigos de la raza hispana prohíben la venta del Pepino Español y censuran nuestra política vacacional,por pura envidia, y por parecerles todos bajitos, morenos y bigotudos, yo os llamo a la más profunda indignación. A la insurrección.

Abajo los perroflautas de las plazas públicas, enviemoslos en buques mercantes al puerto de Hamburgo con cargas letales de hortalizas contaminadas por bacterias fecales. No puede haber mayor honor para ellos que este servicio a la madre patria.

Hundamos los medios de prensa y propaganda judeo-masónico-socialistas que, infiltrados en nuestra sociedad, tratan de minarnos la moral con titulares equívocos e insultantes tales que "La atleta Elena Espeso declara no haber comido pepino" o bien "La bacteria E.Coli se pasa al lado oscuro". Sólo tratan de boicotear la moral de nuestro pueblo por medio de la mofa, befa y escarnio.

¿Y qué decir de semejante teutona que comanda la tropa aria, la Chancillera Merkel? Poco se puede añadir a su política de evidente destrozo, cuyo único objetivo clarividente es la conquista del territorio mallorquín que otrora Jaime I hizo nuestro por la gracia de Dios. Es reseñable el hecho de que la señorita Ángela no ha probado pepino español, pues de haber sido así no habría querido otro sabor ni amargor, como han hecho muchas de sus compatriotas felizmente destinadas en suelo ibérico, que dan fe de la afamada calidad de nuestros pepinos.

Así pues, españoles, españolas, yo os llamo al consumo del Pepino Español y de las vacaciones veraniegas, habida cuenta del contrastado éxito de ambos, y de que la enorme calidad y magnitud de ambos productos hace que quien prueba, ya no quiere otro.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Indignaos


Supongo que los estais oyendo. Nos tienen miedo. Hemos callado tanto tiempo, tanto tiempo. Esta voz que surge ahora del pueblo no entiende de ideologías, ni de edades, ni de razas. Es la voz universal, la que tan pocas veces se escucha. Es la emoción que siento mientras escribo esto. La de mis ya antiguos 16 años, que ahora es real, es demócrata, es coherente, es más calmada pero aún es ardiente. Supongo que los oís. Nos tienen miedo, porque estamos indignados y conocen sus pecados, sus errores, saben que nosotros, el pueblo, somos sus jueces, y que esto tiene que cambiar. Que esto va a cambiar. Hemos salido a la calle, porque la calle es nuestra, y no vamos a dejar que nos la roben de nuevo. Indignaos, pero no con ira y violencia. Indignaos con la fuerza pacífica de la ola que tiene que barrer la basura de la playa. De esa misma playa que, no os engañeis, siempre ha estado debajo de los adoquines.

domingo, 15 de mayo de 2011

DSK y el sexo.



DSK pidió una puta a su servicio de confianza. Al mismo prefijo de siempre, al mismo número de siempre. A DSK le gusta mucho que se la chupen. Le gusta hacer el enchufe. Le gusta pegar unas buenas hostias antes de correrse, por eso DSK no quería una cualquiera, por eso DSK, que puede permitirselo, quiere lo mejor. Lo quiere todo. Y lo quiere ya. Porque lo puede todo. Y lo puede ya. DSK pidió una puta, y esperó desnudo en su suite de 3000 dólares. La puerta se abrió. Qué cojonudo, iba vestida de camarera. DSK se puso cachondo en el acto. Lo quería ya, lo podía ya. Así es el dinero, así es el poder. Te pone cachondo. Pero el poder con una puta disfrazada de camarera es aún mejor. Así que la agarró, la agarró y empezó. Y ella se resistió. DSK estaba a punto de reventar de placer. Iba a correrse sin tener ni siquiera que meterla. Le traen una puta vestida de camarera que encima se le resiste. Vamos a tener que subirle el sueldo a los de la agencia. Se lo han currado, joder. DSK pasa al ataque en la habitación. Y ella se resiste. Oh, dios. DSK pasa al ataque en el baño. Eres una chica muy muy mala, ¿sabes? Eres muy mala, pero monsieur DSK te va a enseñar cómo respetar a un tipo con honores de jefe de estado. Monsieur DSK te va a enseñar que los franceses son todos ahijados del Marqués de Sade. Te voy a encerrar en el baño. Pero ella se va, se acaba yendo con el delantal medio arrancado. Se va, y monsieur DSK se queda en la habitación, y la erección se va bajando. Y se sienta en la cama, y piensa que no tiene inmunidad diplomática, pero que el aeropuerto JFK no está tan lejos. DSK se sube a un avión que le devuelva a París,aún asumiendo que el Euro está al alza, donde ya se conoce de sobra la cara de todas las putas, y no volverá a confundir a ninguna con una camarera de hotel que pueda denunciarle por agresión sexual.

Demasiado tarde (I)

Las lágrimas eran de risa
el cansancio era de placer.
(Los Suaves)
I.

Algún día sabrás cómo llegué aquí. Sabrás la historia de cada herida, de cada cicatriz, de cómo aprendí a leer los hombros en braille. La línea del tiempo, de este tiempo lluvioso pero sublime. De cómo hemos cambiado a cada paso, a cada bache. De todo lo que he callado y lo que he gritado. La historia natural de cada error y el espejo del triunfo. El peso de cada decisión. La libreta que ya he escrito con lo que he aprendido y todos los libros que aún me quedan por memorizar, que se agolpan en la estantería aún envueltos. Esta es una historia que no sé si es triste, pero que al menos es cierta. Yo no sé cómo llegué aquí, pero estoy dispuesto a inventarme una buena historia si te quedas a escuchar. Las mentiras como sinónimo de cada silencio, las cartas sin respuesta de la asociación de vecinos, las hierbas que invadieron la finca y las flores que crecen cada año sin tener que regarlas. No ha habido ninguna casualidad. Los números y el azar no forman parte de este juego.

Todo empieza con un viaje de vuelta en tren de Lisboa. El padre de Lefrère había muerto y yo era el encargado de llevar los papeles en mi maleta. Si pudiera nombrarte cada sentimiento que me surgía al mirar por la ventana del vagón. Pero no quiero hacer eso. Quiero hablar de los papeles que nunca leí. Ferreira se quedó en el andén de Santa Apolonia, sabiendo que quizá no nos veríamos más. No movió un músculo. Yo tampoco. Habíamos cambiado nuestros regalos de Reyes, habíamos tomado café viendo el mar, había comprado pasteis de Belém para llevar de vuelta. ¿Volvería a ver a Ferreira? Quise pensar que sí, mientras cruzábamos los ríos y los puentes, los campos y los pueblos blancos con eucaliptos. Poco a poco se hacía de noche. Nunca leí los papeles, ¿para qué? Eran suyos, no era mi derecho. Seguro que había muchos nombres y mucho dinero. Pero ese no era mi trabajo.

Entonces vino la llamada. Y con la llamada la bola de acero en el estómago. El sudor más frío que jamás he sentido. Los pelos como escarpias, y todo lo que había sabido o creído saber hasta entonces, perdía sentido, todo se cayó al suelo. La misión cambiaba de rumbo, pero yo estaba encerrado en aquel tren durante unas cuantas horas más.