Me pone Isinbayeva, ¿la has visto? Con su vestido gris perla, con ese recogido de princesa que tiene, con ese torso de pectorales de gimnasio que se entrelazan como una cremallera a la altura del esternón y un trapecio que desfigura sus femeninos hombros convirtiendola en una figura andrógina, alta, cuadrada, con relleno en el escote para realzar unos pechos que las hormonas de tantos años han hecho pequeños y ovalados. Me pone Isinbayeva, cómo sonríe, cómo le lanza los besos al público del teatro Campoamor, me ponen esos dos ojos de hielo, cómo desliza las uves, cómo arrastra y desgasta las cés con sus labios, no puedo resistirlo cuando le dice que sí al presentador de deportes del telediario de la uno, cuando se da la vuelta y enseña todos los músculos de su espalda en ese vestido para top-model, que ella lleva a trompicones por la alfombra roja de la realeza, que baja a la tierra, dios, cómo me pone Isinbayeva.
viernes, 23 de octubre de 2009
Me pone Isinbayeva
Me pone Isinbayeva, ¿la has visto? Con su vestido gris perla, con ese recogido de princesa que tiene, con ese torso de pectorales de gimnasio que se entrelazan como una cremallera a la altura del esternón y un trapecio que desfigura sus femeninos hombros convirtiendola en una figura andrógina, alta, cuadrada, con relleno en el escote para realzar unos pechos que las hormonas de tantos años han hecho pequeños y ovalados. Me pone Isinbayeva, cómo sonríe, cómo le lanza los besos al público del teatro Campoamor, me ponen esos dos ojos de hielo, cómo desliza las uves, cómo arrastra y desgasta las cés con sus labios, no puedo resistirlo cuando le dice que sí al presentador de deportes del telediario de la uno, cuando se da la vuelta y enseña todos los músculos de su espalda en ese vestido para top-model, que ella lleva a trompicones por la alfombra roja de la realeza, que baja a la tierra, dios, cómo me pone Isinbayeva.
martes, 20 de octubre de 2009
La lluvia o el principio de indeterminación de Heisenberg
Una vez, nena, te conté que el principio de indeterminación de Heisenberg era el culpable de que tú y yo nos hubiéramos encontrado, pero te engañe, cómo no hacerlo con esos ojos que te proclamaban perdiz y a mí cartucho, yo te mentí, y no lo niego, porque en realidad el principio de indeterminación del tal Heisenberg lo que dice es que si corro más para llegar a la hora contigo en esta tarde con la que está cayendo me voy a calar más de la cuenta.
No, no me pongas esos ojos. Asúmelo. Yo lo asumí. Es fácil, si lo piensas. Piénsalo, atrévete. La lluvia cae en vertical, más o menos. Supongamos un día de viento cero. Porque mi padre decía que llueve cuando el viento se para, siempre me acuerdo, me acuerdo sobre todo cuando el viento sopla tan fuerte que me vuelve del revés el paraguas con sus varillas y su tela y toda esa clase de artificios que tan adorable hacían a Mary Poppins. Bueno, que la lluvia cae en vertical. Y tú caminas, caminas como Homo Sapiens que eres, caminas erguida, erguida tú, erguido yo, eso nos diferencia entre nosotros, y lo otro nos diferencia del Australopithecus. Si la lluvia cae en vertical y nosotros caminamos perpendiculares al suelo, o sea, verticales, apenas nos cruzaremos, ¿no?
Bien, pues ahora planteate que me pongo a correr en medio de la lluvia. Mi trayectoria se vuelve paralela al suelo y perpendicular a los varios millones de proyectiles que caen, que me van a alcanzar sin remisión y sin capucha. Ahí entra el principio del bueno de Heisenberg. Que nunca sabes dónde va a caer la gota, así que las probabilidades de que te caiga encima son mucho menores si caminas tranquilamente que si te pones a correr como toda esa panda de estúpidos.
Vale, de acuerdo. Que lo siento. He llegado un cuarto de hora tarde, como de costumbre. Pero no tengo capucha, comprendeme, y ya te he mentido mucho, y ya me he calado, y ya está la ciudad llena de gilipollas que se han puesto a correr en cuanto han visto cuatro gotas.
No, no me pongas esos ojos. Asúmelo. Yo lo asumí. Es fácil, si lo piensas. Piénsalo, atrévete. La lluvia cae en vertical, más o menos. Supongamos un día de viento cero. Porque mi padre decía que llueve cuando el viento se para, siempre me acuerdo, me acuerdo sobre todo cuando el viento sopla tan fuerte que me vuelve del revés el paraguas con sus varillas y su tela y toda esa clase de artificios que tan adorable hacían a Mary Poppins. Bueno, que la lluvia cae en vertical. Y tú caminas, caminas como Homo Sapiens que eres, caminas erguida, erguida tú, erguido yo, eso nos diferencia entre nosotros, y lo otro nos diferencia del Australopithecus. Si la lluvia cae en vertical y nosotros caminamos perpendiculares al suelo, o sea, verticales, apenas nos cruzaremos, ¿no?
Bien, pues ahora planteate que me pongo a correr en medio de la lluvia. Mi trayectoria se vuelve paralela al suelo y perpendicular a los varios millones de proyectiles que caen, que me van a alcanzar sin remisión y sin capucha. Ahí entra el principio del bueno de Heisenberg. Que nunca sabes dónde va a caer la gota, así que las probabilidades de que te caiga encima son mucho menores si caminas tranquilamente que si te pones a correr como toda esa panda de estúpidos.
Vale, de acuerdo. Que lo siento. He llegado un cuarto de hora tarde, como de costumbre. Pero no tengo capucha, comprendeme, y ya te he mentido mucho, y ya me he calado, y ya está la ciudad llena de gilipollas que se han puesto a correr en cuanto han visto cuatro gotas.
Ídolos con pies de barro
Me tembló el pulso, y la voz, pero nos echamos unas risas. El ínclito Balcells, el sonoro Sudón, Su-don, Kronen, Jack, Mane; somos tirillas de medio pelo en una lona de micrófono abierto con las luces de frente, me tembló el pulso y la voz, pero nos echamos unas risas. A la infausta memoria del bueno de mi abuelo Eladio, qué cosas tiene la vida, él nunca dijo "todas putas", sólo se encargó de hacer saber que con buen pito bien se jode. Y lo de anoche era un buen pito.
Cuando nos quedamos solos, somos ídolos con pies de barro. Hay una ella para cada uno, y cada uno tenemos una excusa, cada uno tenemos un club de fans que lo escribe en cuartillas, y cada uno tenemos un comité de enemigos oficial y una organización de contraespionaje, y la gente se viene, se ríe, se va, y nos quedamos solos en un banco, y somos ídolos con pies de barro, y ya sabes, colega, esta mañana está lloviendo de cojones.
Cuando acaba esta pequeña función empieza el buen teatro. Mi madre, por teléfono, me avisa de que coja paraguas, y entonces yo constato el hecho de que debí haberlo comprado en vez de pillarme un par de copas. Hoy nadie ha despedido a la televisión digital como merece. Apagándola.
Cuando nos quedamos solos, somos ídolos con pies de barro. Hay una ella para cada uno, y cada uno tenemos una excusa, cada uno tenemos un club de fans que lo escribe en cuartillas, y cada uno tenemos un comité de enemigos oficial y una organización de contraespionaje, y la gente se viene, se ríe, se va, y nos quedamos solos en un banco, y somos ídolos con pies de barro, y ya sabes, colega, esta mañana está lloviendo de cojones.
Cuando acaba esta pequeña función empieza el buen teatro. Mi madre, por teléfono, me avisa de que coja paraguas, y entonces yo constato el hecho de que debí haberlo comprado en vez de pillarme un par de copas. Hoy nadie ha despedido a la televisión digital como merece. Apagándola.
domingo, 18 de octubre de 2009
Al loro
Ya lo decía el president, que no estamos tan mal. Aunque sin embargo esto no deja de ser otra prórroga más en el infinito fin de semana de la honestidad brutal y las dudas, cómo quiere la gente que no descanse a lo largo de la semana si esto es como lo que hacía Siteg Larsson. Sólo que mi best-seller no da ni para 50 páginas. Pero lo leo todas las noches un rato, y me acabo quedando sopa.
sábado, 17 de octubre de 2009
Mertesacker
Esta noche se me ha aparecido en sueños. Y me reí con él, porque le dije aquella tan gorda.
- "Ay, Salinas!! ¿Qué dirías si tu hija se fuera con un tío que se llama Mertesacker?"
Esta noche se me ha aparecido en sueños, entre cunninlingus a Loles León y sus apretadísimas tetas, entre nazis que volaban camiones y demás sueños oscurantistas, ahí llegó Andrés. Y yo le suelto la de Mertesacker, porque es como te voy a recordar, como te quiero recordar, Montes, con tus jodidas gafas, tu pajarita, tu camisa. Hablando de basket, con Trecet y con Daimiel, en videojuegos y en el Plus a deshoras. Pudriendote en partidos contra la droga de sábados de invierno en la LFP, o mundiales. Narrando triunfos y derrotas nacionales, saludando y despidiéndote como siempre quisiste que fuera este juego, como siempre quisiste que fuera la vida.
Un poco menos maravillosa ahora que nos faltas.
viernes, 16 de octubre de 2009
Bodies
Pero es que al final sólo es eso, cuerpos dando vueltas en torno a cualquier farola, al final sólo es el frío con más fuerza, yo tomo café y leche y llevo pitillos azules de homosexual convencido mientras trato de convencerme de que no, que esto es lo bueno, que no se me encoge del todo el corazón ni tengo tanta prisa por dejar atrás ni por llegar al siguiente nivel. Pero es que al final somos sólo eso, cuerpos dando vueltas en cualquier esquina, porque en todas las esquinas somos y estamos los mismos.
lunes, 12 de octubre de 2009
Del lado del diablo
Él siempre estuvo del lado del diablo, cómo no estarlo con el llanto de esa niña en el salón por encima de los 89 dB que recomienda la Unión Europea, que entiende de todo eso y mucho más, que pone y quita tanto orden. Del lado del diablo, sí señor, usted que tanto ha visto, usted que ha estado tantas veces a ambos lados de la barra, podrá ver qué fácil es saltar por encima de la encimera, que para eso está arriba, qué fácil es cambiar, qué fácil es. De lado del diablo, porque una vez estuvo del lado de Dios. O Dios estuvo de su lado, ya no lo recuerda. Dios y él estuvieron en el mismo lado, mascando el mismo tabaco, que les daba nicotina pero no cáncer de pulmón, con ventajas como esta uno debe ser muy tonto para dejar escapar las oportunidades, o eso dicen en los mejores anuncios del Corte Inglés. Luego Dios dejó de dar noticias, anunciaron en la película de Díaz-Yanes. Y él, que no creía en las películas españolas pero se tragaba cualquier tráiler, lo vio, y se hizo ateo. Como ella aquella vez, ella también se hizo atea después de la pregunta. Cómo no hacerse, si para la gripe A no hubo más remedio en aquel inframundo que dejarlo todo de lado y echarse a andar con el carrito de alambre hacia otro barrio de mejor estofa, de color más gris y menos sucio. Una vez todo estuvo limpio, hasta ella y su conciencia, pero las lluvias con las que octubre recibió al monte, lo embarraron todo y se le olvidó el nombre de la alegría, de la calle en la que tenía el garaje, y del perro con el que solían salir a dar sus entretenidos y proletarios paseos. Se hizo atea el día que decidió que esta sociedad prefiere limpiar las mierdas de sus perros y enviar a sus padres a residencias pagadas en las que los medican y les ponen los pañales que ellos tuvieron de pequeños, para que no se les irrite el culo y no les salgan escaras ni úlceras por presión. Presión fiscal sobre la herencia.
Ellos una vez estuvieron del lado de Dios, si es que Dios tuvo un lado, porque decían que era ubicuo. En ese caso, nunca habrán abandonado su lado, pero de todas las formas están lejos de lo que eran cuando eran niños, y mucho más cerca de lo que serán cuando se estén pudriendo en otra residencia con pañales.
Ellos una vez estuvieron del lado de Dios, si es que Dios tuvo un lado, porque decían que era ubicuo. En ese caso, nunca habrán abandonado su lado, pero de todas las formas están lejos de lo que eran cuando eran niños, y mucho más cerca de lo que serán cuando se estén pudriendo en otra residencia con pañales.
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