sábado, 10 de octubre de 2009

Todas putas

Pero entonces te fuiste, te cortaste el pelo debajo de la almohada y yo sigo aquí oyendo canciones de otras con voces cálidas para el oído pero frías de cojones para el resto de mi mente, que vive en una tormenta de humo de tabajo ajeno, porque yo la chupo de año en año, y no me lo acabo de tragar. El humo. Los cuentos, tampoco.
soy un tipo listo y ahora estoy aquí
Salí por la puerta de atrás de un par de salas, no reconozco que odio que no me aplaudan cuando termino, mi ego necesita esa inyección, y ahora que sé como se absorbe bien para evitar el peor síndrome de abstinencia, limito las palabras poco a poco, como mi amigo el mudo, el que siempre está ahí al acecho. Yo soy de los que no necesita a nadie más para prepararla, por eso salí por la puerta de atrás de un par de salas. Y con los pies por delante.
tengo curro fijo y un gran porvenir
Ella eran todas, y todas eran putas, es de lo que aprendí en el pueblo, en los futbolines, en la universidad, en los portales de luz naranja, en el supermercado, en el café, en el ordenador, en los libros, en las tertulias, en los botellones, en las terrazas y en las bibliotecas. Lo aprendí de mis dos abuelos queenpazdescansen, de mi hermano elquesefollóatodas, de mi padre elbuentipoquelosabetodosobrelavida, de mis amigos losquenuncatevanadejartirado, de los colegas quetienenunbuenconsejoparatodo, de los profesores quevivenunavidasintachadesabiduría.
yo no sé quién me engañó, sólo quiero rocanrol
Ahora vivo en un tercero interior, mi ratón, o mi hámster, o lo que quiera que sea ese roedor que me come el pan de ayer, ocupa por derecho propio el bajo de todos los sillones con cagadas minúsculas que son como una gymkana para llegar al armario donde guardo fotos. Allí he dejado kilo y medio de queso: grana padano, parmesano, tetilla, roquefort, garcía baquero, kraft, mama louise, emmental, semental. Y lo único que quiero es que cuando vuelva después de este mes y medio en ese armario haya otro kilo y medio de mierda de ratón a cambio de haberse comido todo el queso y todas las fotos.
si te cuento la verdad, me entran ganas de llorar

jueves, 8 de octubre de 2009

Una habitación en verde

Tengo una habitación en verde. Estore verde, edredón verde, póster de Pink Floyd, dos de los Beatles, mi flexo, mi armario, un espejo, la radio para despertarme. Una ventana a un patio interior de un subnormal, varias cachondas y vecinas de domingo y radio patio.

Pero ella se fue. Y eso es algo que no me acaba de quedar claro, y mira que le hemos dado vueltas. Cada rincón de la casa la echa de menos cada segundo. Mi madre me pregunta por teléfono que cómo lo llevo, y yo le digo que bien, que asumiendo.

Sólo te lo diré una vez, porque no va a hacer falta más, más que nada, porque no vas a venir, y lo sabemos.

Vuelve.

Curiosa reflexión a la luz de un yogur y un flexo

Te aseguro que todo lo demás es un poco banal, o sea, que me sobra todo lo que viene después, con lo que estaba aprendiendo en estas fotos, las caras que estaba acumulando en mi memoria, el odio que estaba pegando a esas facciones deliberadas y distraidas, el mundo sigue dando vueltas ahí fuera, prescindiendo de lo que digas, lo que pienses o lo que hagas, incluso de lo que pienses decir o lo que pienses hacer.

Tanto desgarro en el pecho, y ninguno entre las piernas, qué putada. Como lo de vivir solo, es algo que no me acaba de hacer a la idea, ni me hace la idea ni me la hago yo, ni tengo quien me las haga, son los restos de este algo que va pasando, llámalo tiempo o llámalo aburrimiento vital, llámalo pajas o llámalo karma, cada cual es muy suyo. Me dedico al contraespionaje industrial, vendo máquinas para robar lo que se sucede por las mentes, incluso por la mía, paso las horas encerrado al aire libre y después me fumo parches de nicotina para calmar mi tranquilidad vital.

Y qué quieres que te diga, la verdad, si esto es más largo de lo previsto pues no te lo metas por ahí, trata de arrancarlo como si fuera una pierna con fascitis necrosante, si no tuvieras anestesia, pero si en el fondo trataras de salvarme la vida. Que es lo que me hago yo noche tras noche. Y después me levanto y vuelvo a empezar.

domingo, 4 de octubre de 2009

Otoño nuclear


Cuando en la década de los 60 todo mundo se puso a vaticinar el fin del mundo hablaron del invierno nuclear, provocado por cabezas atómicas que cubrirían de un intenso humo negro la atmósfera evitando que los rayos del sol llegaran a la superficie, además de otros millones de catastróficos fenómenos, como las lluvias ácidas y las radiaciones con tremendos efectos mutantes que cabiarían para siempre la faz de nuestro planeta.

Pero nadie se paró a pensar nunca en este otoño que se está llevando antes de tiempo las hojas, que nos cierra las puertas a un verano y nos abre los ojos a todo lo que queda detrás del hasta luego, que ha erosionado los lugares por donde solíamos jugar, y toda la esperanza que tenemos es este búnker de hormigón armado con agua para 9 meses.

Al final habrá que reinventar todo lo que conocemos para sobrevivir, nos veremos a nosotros mismos entre calles derruidas y coches oxidados, desterrados del polvo y de la luz, escapando de fantasmas que no hacen ningún ruido, y sentados esperando algún barril metálico de petróleo en el que encender las manos. Y esperar a que se (nos) cure el otoño nuclear.

sábado, 3 de octubre de 2009

Última hora. Desmantelado el comando Videmala

Ana hoy hace 18 años. Bueno, Ana lleva haciendo 18 años unos cuantos días. Bueno, si hacer 18 años es sinónimo de madurar a base de golpes, Ana lleva unos cuantos días haciendo 18 años. Pero pongamos que la efeméride es hoy, ¿vale? Venga, seguimos. Entonces tiene 18 ya. Joder, cómo se nos va el tiempo. Y yo aquí escribiendo cosas, cuando ya le he escrito bastantes gilipolleces. Y lo que es peor, le he dicho muchas más. Ana sabe de sobra que ella habla mucho, pero que ya hablo tanto y más. Cuando me deja. Y cuando no, no es que me calle. El que se calla es David. Yo escribo. David, el bueno de David. Durante dos días fuimos a la vez tres y uno. Pero nuestro piso franco se fue al garete, y ahí la tienes. Ana siempre ha querido salvar el mundo. Porque en algún momento de su vida o bien se tragó a una niña, o bien se secuestró a sí misma con 7 años, y se dejó ahí dentro. Entonces la oyes hablar como tal, como si esos 7 años fueran para siempre. Y claro, quiere salvar al mundo. Yo le digo que sí, coño, que salvar al mundo no es ir de bata blanca por ahí, pero para quitarle definitivamente los mitos me la llevo a ginecología. En fin. Que Ana tiene 18 años. Y eso es algo que no se puede volver atrás. Hay tantas cosas en esta vida que no pueden volver atrás. Como irse o venirse. Como quedarse. Ella se queda aquí, en este pueblo que no es nuestro pueblo. Porque en nuestro pueblo, el de verdad, podríamos pasarnos toda la vida. Pero ella quiere que no nos quedemos con un rebaño de ovejas, siendo otros fiesteros más que van por la comarca de Mayo a Octubre. Que eso es de perdedores. Y ella tiene que salvar el mundo. Yo tengo mis metafísicas teorías de que salvar el mundo empieza por salvarte a ti mismo, pero como eso aún no lo he comprobado, no deja de ser una teoría. Ella quiere salvar al mundo. Y tiene 18 años.

viernes, 2 de octubre de 2009

Golpe de estado

Me pondré en pie después de toda esta guerra, después de esta estúpida transición en la que estamos metidos, silenciando todos los movimientos, todas las operaciones, a pesar de que conocemos a los contactos, a los espías y los contraespías. Me pondré en pie después y quizá no alce la voz, porque no soy de esa clase de valientes ni llevo los galones necesarios encima de los hombros. Estos juegos en la sombra nos divierten, y lo sabemos, pero llegará un día en que tengamos que salir al medio de los focos a dar la cara, cuando no valgan arrepentimientos ni vueltas atrás. Tomaremos el poder, recurriendo a la fuerza si fuera necesario, aunque espero que no haya que derramar ni una gota [de sudor] en este affaire que nos mantenemos. Pero paciencia, paciencia. No ha llegado el momento de sacar los tanques a la calle, ni mucho menos de desenvainar, por ahora es el momento de permanecer silentes detrás de la frontera, en actitud hostil, jugando a la desinformación y que los diarios publiquen en primera plana noticias al respecto de cualquier otro conflicto desarmado que tenga lugar en escenarios alejados de nuestras calles. Luego vendrán los tiempos duros, o los buenos tiempos, pero por hoy propongo que se sienten, coño, y que disfruten de la función que representamos. Y a lo mejor al final hasta firmamos pactos encima de algún capó. O en el asiento de atrás.

jueves, 1 de octubre de 2009

Wake me up when september ends

Iba a escribirlo en plan de triste. De jodido. Como asumiendo que esta mediodía me he echado a llorar encima de un plato de alubias con arroz [boys-don't-cry]. Y de pronto me he preguntado que si iba a servir para algo. Si me iba a solucionar la vida, si mi adolescencia retardada se iba a ir a menos, si mi niña no se iba a ir, y mi chica no me iba a dar la patada. La verdad que no. Así que ataco donde funciona.

Wake me up when september ends. No la tocaron. Me llevé más hostias que en la vida, y a la segunda canción estaba sudando como un pollo, pero salí en éxtasis del Palacio de los Deportes después de berrear como una nenaza con Billie Joe. San Bernardo 107, 11.7 tiene las mejores vistas de todo Madrid, o eso me parece. Y el Penta no está en declive, ni en auge. Sólo está. Y Paz mola, siempre mola, después de todo este tiempo.

Luego llegaron los días de vino y rosas [robadas]. Las novatadas a dos, los secuestros indiscriminados a peluches y torturas con agua fría, sin ánimo de hacer confesar. Las sorpresas, que como se descubre al final del guión pueden ser agradables o no serlo.

Y se fue, se fue el septiembre más largo que hemos tenido, que empieza con un examen a deshoras, que se retuerce como una serpiente entre aquí y allá, entre arriba y abajo. Y ha estado bien. Ahora viene todo lo demás, todo lo que ya conocemos, y lo que no también.