martes, 9 de junio de 2009

Miembro fantasma

Hay un dolor tremendo, el que te provoca la amputación de un miembro.

Perdón, me expresé mal. El que te provoca la ausencia de ese miembro. Y no, no me refiero a nada metafórico. Te duele. Lo notas como si el cabrón estuviera ahí, doliéndote más que antes.

Yo estoy empezando a tener el dolor del miembro fantasma con muchas de las cosas que la medicina me está arrancando, y no me devuelve nada. Me quita mis horas de sueño, mis fuerzas, mi salud mental y física, mis defensas. Me devuelve apuntes garrapateados, me devuelve hostias en la cara, goleadas en contra.

Pero, aunque algún puto trilero me ha colado una rotación de opioides doblada para tratar de arrancarme de este síndrome, que no se equivoque. A mí de esta no me salva ni la metadona. Hasta que no me arranquen los cinco miembros, conmigo no van a poder.

Bienvenidos a otra noche sin dormir, a otro junio a contrapié, a otro verano sin alcohol, a otro diván.

Vals à deux en cuatro compases para pianista cojo y violinista cachonda en Re menor

repitió todos y cada uno de los movimientos
dados con su pierna recta
que sólo sabía bailar al compás
de tres por cuatro [doce]

ahí fuera era verano en sol sostenido
y el aula cerrada se volvía irrespirable
para cinco pulmones y medio
en un maravilloso crescendo de
sillas arrastradas por el parquet

nadie escuchaba los fallos, remediables
a todas luces, y el foco apuntaba
a la caja, ellos miraban las partituras
jeroglíficas de papiro azul y suspi-
raban por acabar.

faltando menos de un tercio, colgaron
el arco y las teclas por un on
the rocks; esa noche cenaron donde
siempre, durmieron donde siempre,
soñaron como siempre.

lunes, 8 de junio de 2009

La soledad del corredor de fondo

Corrí y corrí y corrí por autopistas semimojadas con amigos a las 4 y media de la mañana en utilitarios de cinco puertas buscando todo lo que nunca hemos dejado atrás, corrí y corrí y corrí por canchas de asfalto de barrios marginales de mi pequeña ciudad para quemar todo el carbón que se te va acumulando dentro durante meses de sentar el culo en sofás acolchados; corrí y corrí y corrí de biblioteca en biblioteca buscando el silencio que se callara de una vez mi maldita cabeza siempre a punto de estallar con un folio manuscrito más; corrí y corrí y corrí de pueblo en pueblo por la meseta deseando encontrarme el lugar donde no se respirara más que aire de jara y tierra reseca de verano; corrí y corrí y corrí de corazón en corazón en una tregua que pusiera fin a la lucha armada de mi bien contra tu mal sabiendo que no voy a ganar nunca; corrí y corrí y corrí entre multitudes que corean letras en conciertos bajo techo y a cielo abierto de estrellas y con estrellas para sentirme tan anónimo como el título; corrí y corrí y corrí de bar en bar por ver si en algún lado estaba la cerveza que me fuera a tumbar y por el momento sigo de pie, ya ves, a lo mejor aún no se ha fermentado; corrí y corrí y corrí por parques urbanos, cuestas arriba y empedrados de lluvia de la misma tarde y nada de lo que dejé atrás pareció quedarse quieto, sino más bien venirse conmigo.

Corrí y corrí y corrí. Y aquí estoy, sentado, escribiendo las palabras que dicen que me tengo que quedar quieto de una vez por todas. Pero es que no puedo parar, nunca puedo parar.

sábado, 6 de junio de 2009

Y lo importante ha sido eso

...que es pasado aunque me quejo, aunque me quejo

She's leaving home



Yo siempre lo dije, a riesgo de repetirme. Ella es una grande.

No recuerdo demasiado bien cómo la conocí, la verdad. Es de esa clase de cosas por las que uno se pregunta después, qué fue lo primero que hablamos, yo que sé. Payasadas. Años después no te vas preguntando por esas cosas, sino por las que aún no han llegado.

Lo que sí reconozco es que me cayó bien desde el principio. Porque tiene carácter, y odio las personas blandas. Ella es capaz de sonreir y de poner una mala cara en milésimas de segundo. Ella no duda, y se la juega aunque falle, porque sabe que las consecuencias acaban llegando, de una u otra forma.

Ella tiene sus momentos, y me repite los mismos insultos y los mismos halagos, me da los mismos consejos, y entonces yo pienso que quizá la culpa es mía, que me los sé de memoria pero aún no me los he aprendido. Y, sin embargo, tiene la capacidad de sorprenderme de vez en cuando, de adelantarse.

La admiro, porque tengo el defecto de admirar todas aquellas cualidades que yo no alcanzaré. La regularidad, el sacrificio, el sentido de la responsabilidad. He aprendido de ella en este tiempo. Si tuviera que destacar lo mejor, sería la humildad. A callarme mientras otros se coronan, a mirar las cosas en silencio y llevar la procesión por dentro. A triunfar al final, pero sin perder el sentido real, sin perder los pies en el suelo.

Ahora, ella se está quitando de su mayor y mejor droga. La que le ha dado tanto, y la que también le ha quitado tanto. Como todas las intoxicaciones, no va a ser fácil, y puede que le cueste, aunque conociéndola, se callará y lo hará, sin más. Por si acaso, me pondré a un par de pasos de distancia, por si decide que algua tarde corramos juntos.

Porque cuando yo me he cansado, ella no se ha rendido. Y esa es una de las lecciones que ahora me toca demostrarle que he aprendido, tengo esa deuda oculta: sudar la camiseta, levantar la cabeza. Dice que soy especial para ella, que no se le da bien contar estas cosas. A mí, que se me da bien contarlas pero no decirlas, me alegra el día de vez en cuando, y aún no se lo he dicho, pero sé que lo sabe.

Ida y vuelta

Me gustaba el antiguo formato de las finales europeas, a doble partido. Uno en casa, y el otro en el infierno, si era el de vuelta mucho mejor. Dejabam menos lugar a la suerte, y mucho más al fútbol inteligente. Yo ahora mismo estoy jugando una de las finales más bonitas que recuerdo.

Y no por lo que llevo jugado, sino por lo que queda. No porque esté siendo fácil, sino todo lo contrario. Llegué después de una campaña más que irregular, mermado moral y físicamente. Antes de enterarme donde estaba la bola, ya me habían clavado el primero por la escuadra, y los dos siguientes vinieron rodados hacia el final de la primera parte.

En el segundo periodo me he ido quitando la caraja, y empezando a jugar como a mí me gusta, dando espectáculo, divirtiendome pese a ir cuesta arriba y por detrás en el marcador.Ahora estoy luchando por poner el 2-3 en el electrónico y eso que juego en casa. Pero no es lo más importante. Lo más importante es que antes de acabar el partido en mi cabeza ya estaba planeando la vuelta.

Sólo me vale dejar la portería a cero. Fuera de casa. Me gustan estos partidos, porque son de los que coronan a los grandes. Los que sacan la mayor exigencia: creer.

viernes, 5 de junio de 2009

Contra la lujuria, castidad (Pecados Capitales #1)

La soledad es mala consejera, y la vida es como el mus, si no tienes una buena pareja más te vale tener una buena mano. Pero todo tiene sus límites, llega la ceguera, la cojera, la carga hacia el lado dominante y todos esos molestos síntomas asociados al pecado de Onán.

Una habitación abandonada en la sobremesa, un cuarto de baño de tentadores azulejos blancos, el ilimitado acceso a internet lejos del férreo control parental. Una imagen callejera, una peli porno de clase b, las socorridas revistas juveniles. No importa la excusa, importa el momento, los quince segundos de gloria, efímera e individual, pero gloria pese a todo.

Por si acaso, hombre solitarios del mundo, tengan cuidado, la muerte te puede estar esperando en la siguiente paja.