jueves, 22 de enero de 2009

Getting dark, too dark to see

Hay escritas infinitas palabras que no voy a leer nunca, en libros de todas las formas, tamaños y colores; hay escritas infinitas canciones que no voy a escuchar jamás, en la radio o en discos de vinilo, platino y cassetes; pero sé que llegará un día en el que se acabarán las combinaciones de las 28 letras, y de las siete notas en todas sus escalas, y entonces habrá quien se pregunte por qué hemos tirado miles de horas sin pararnos a coger un libro, o llenarnos los oidos de música, y sin embargo hemos malgastado media vida leyendo anuncios en la carretera e intoxicándonos con melodías absurdas que digan que nos sobra el amor.

miércoles, 21 de enero de 2009

El veneno de Zamora

Zamora solía ser un remanso de paz y tranquilidad, hasta que llegaron los guerreros, y con el ánimo de mejorar trataron de borrar todo lo que había hasta entonces. No destruyeron nada, sólo se limitaron a dejarlo en el olvido, que es donde antes se pudren las cosas. Alzaron después sus voces, sus cánticos, alzaron tanto los ojos que no vieron el suelo del que se iban alejando, no vieron lo que dejaban atrás, no vieron en lo que se estaban convirtiendo, porque solo ansiaban ser grandes. Buscaron mecenas, se apoyaron en los mejores asientos, se pusieron bajo el calor y la luz del mejor sol. Lo de grandes, creo que lo fueron, o al menos se acercaron, porque pasó que la fuerza de gravedad hizo mella en sus ánimos. Se desinfló la ilusión, se apagó la llama poco a poco por el viento venenoso de las envidias, las tramas, la cizaña, y el ansia, desde dentro y desde fuera. Entonces, cuando volvieron al suelo, cuando no fueron nada ni nadie, miraron a su alrededor, y vieron a su frente, como Charlton Heston en el Planeta de los Simios, todo lo que había quedado después del invierno nuclear; vieron que sólo se habían quedado en el mismo sitio.

Faltaban Valores.

domingo, 18 de enero de 2009

Micro, 0 de 1

Cuando crees que eres cobarde, aunque en realidad no lo seas, te acabas convirtiendo en eso.

Juégatela un poco, valiente

sábado, 17 de enero de 2009

Analítica


Lo ponen mis análisis. Me sube la bilirrubina. En serio. No es ningún recurso literario, y a mi médico le hace mucha gracia, así que me reí yo también, para no quedar mal. También se rió bastante cuando le dije que podía hablarme en términos médicos, que para eso estaba estudiando, para quitarle su puesto de triste sustituto en una tarde de viernes, en una consulta llena de viejos. Me dijo que me había equivocado de carrera, me dijo que la Micro se aprueba por aplastamiento, y que la olvide al día siguiente, que no sirve para nada, como anatomía patológica. Quizá me lo dijo porque me reía demasiado, quizá porque parece que aún tengo ilusión por las cosas. Y a mí, con todo esto, nadie me quita lo de que tengo la bilirrubina alta, y ni siquiera es más que hereditario. Qué cosas tienen Juan Luis Guerra y el sustituto de mi médico. Ay, cuando te miro y no me miras, y no lo quita la aspirina...

viernes, 16 de enero de 2009

Entre el ombligo y la reyerta

"No te lo vas a creer, pero la verdad es que sabía de sobra a dónde apuntaba, mi mano manchada me miente mientras matamos miles, moribundos, maltratados montones de nueve que nos cubrió los hombros y después se nos fue a la sien, y ahora no somos nosotros sino lo que queda de nosotros. Empañados los cristales, los hielos y la bebida, empañadas las gafas para no vernos más de la cuenta, empañados los ojos para sentir sólo lo oscuro, sentir la luz apagada con el filo del oído, sentir que se acaban las horas y todo lo demás va para atrás.

Yo, como decía, supe de sobra a dónde apuntaba, aunque pareciera que lo hice a ciegas, como si ya lo hubiera visto todo en el mundo [que, verdaderamente va cada vez a menos: el mundo y lo que me queda por ver] y lo que haya que hacer a estas alturas sea bajar desde la cumbre hasta la cuesta que queda entre mi ombligo y tu reyerta, el campo de batalla que aún me queda por ganar.

Me tomarás por un inconsciente, yo, con tres días de más y un año y pico de menos, metido entre todos tus asuntos pendientes que se me quedan tan grandes como la gabardina de Bogart, llevo sombrero bajo techo por pura [mala] educación, y porque las bombillas desnudas me asustan lo suficiente como para no querer ni poder dormir en toda la noche, tan suavemente como oir la Emisión Pirata sentado frente a la ventana, escribiendote a mano estas líneas que no vas a leer nunca, estas palabras que se van apagando porque saben que si encendí el mechero no fue para mí, y que si te apagué el cigarro no fue para esto, sino todo lo contrario: lo apagué queriendo tener una nueva excusa para darte fuego y acercarme a ti empapado en gasolina. Mis sábanas están hasta los huevos del sudor en soledad, muñeca, y yo tengo combustible para rato."

miércoles, 14 de enero de 2009

Inenarrable

Déjame que te cuente una historia, para recordarla cualquiera de las noches que no estés, ni esté yo, y tengamos que darle calor a la almohada con las orejas. Déjame que te diga que me alimento de la memoria que no tengo, que se llama imaginación, que me invento nuestro porvenir en ciudades de noches apretadas entre el naranja del cielo y el negro del asfalto.

No es una historia cualquiera, es la historia de una montaña que se refleja en un solo charco, la del ogro de furias en la madrugada, que rompe vasos al entrar en casa, y revienta las ventanas con la suma de los decibelios silenciados en su mente, pero que se le escapan entre los puños cerrados.

Podría ser una historia de fracaso y destrucción, que es como terminan las buenas películas, los guiones inimitables y las visitas a urgencias en Honda Civic rojo por las calles desiertas, vomitar tardes enteras en quince segundos y cantar una canción que no es ni siquiera de despedida, sino una marcha triunfal de mañanas con niebla hacia el fin del mundo.

Déjame contarte esta historia, no puedo prometerte nada a cambio, nada me he prometido a mí mismo en todo este tiempo, sólo que te tenía que contar una historia y según se va pasando el tiempo se me olvidan los detalles que tenía guardados en mi memoria portátil, fruto de letras inconexas y de frases sobrantes, recortadas de todo lo que nunca tuve ganas de decir, y siempre me callé.

Te contaré esta historia, aunque sea lo último que haga antes de irme.

sábado, 10 de enero de 2009

El día que en mi residencia prohibieron el porno

Basado en hechos reales. Agradezco la involuntaria pero imprescindible colaboración.

Un jueves cualquiera de enero, una sobremesa cualquiera. J encendió el ordenador portátil, en la soledad de su habitación. Qué dura, la vida del hombre solitario en una residencia universitaria, pensó mientras se aflojaba el cinto. Hizo doble clic en su explorador de internet, y abrió la pestaña de favoritos, eligiendo una web pornográfica al azar.
"Tiene el acceso restringido a esta web. Categoría=pornografía"
- ¡¡No jodas!!
Probó otras 3 o 4 direcciones más, con idéntico resultado. Un pantallazo azul y blanco de una empresa de informática que le contaba que tenía prohibido acceder a las direcciones pedidas. Salió desencintado de su habitación, y entró como un torbellino en la 415, donde se reunían sus compañeros en una masculina manada de sobremesa y videoconsola.
- ¡¡Han prohibido el porno!!
Sus palabras fueron secundadas por una sublime carcajada general, ante lo esperpéntico de la escena: un tío que entra con el pantalón desabrochado en otra habitación llena de feromonas masculinas a anunciar, como el guerrero de Maratón, la censura de la pornografía. Gabinete de crisis, lo llaman a eso en los ministerios. Rápidamente, comenzaron a funcionar los engranajes mentales, probando en Google todo tipo de palabras claves. Pajas, pornografía, chicas, modelos. Uno tras otro, el pantallazo azul y blanco iba cercenando las ilusiones pseudoadolescentes.
Todas las cabezas se giraron hacia A.
- Sabemos que tienes 12 gigas de porno en el ordenador. Comparte.
- ¿Compartir? ¿Con lo que os habeis partido el culo? Sería estúpido. 2 euros por película.
- Será cabrón...anda, toma mi pendrive, y mete tres películas.
- Pagos por adelantado.
- Qué hijo de...toma 4€ y mete sólo dos. Pero que sean buenas, de esas que tiene argumento, y tal.
Los menos favorecidos, como es costumbre mundial, propusieron alternativas y protestas.
- Esto es culpa del director. Puto gordo de los cojones...
- ¿A qué se cree que juega? Menos mal que no ha prohibido el Tuenti. Si no, cacerolada en recepción.
- Qué cacerolada, una sentada en pelotas, ¿por el porno!
Otros, más avezados, propusieron ante la precariedad de la calefacción y agradeciendo la ventaja de ser una residencia mixta, que hubiera un acercamiento más sutil e interesado al género femenino. Se cree que esta medida fracasó por la aparición de una o dos páginas que salvaron el cruel filtro, o por la estrechez de miras [y no solo eso] del susodicho género femenino residencial.
Yo, por mi parte, que no dispongo de ordenador allí y consecuentemente me veo obligado a usar el poder de mi imaginación, no noté el cambio y me mantuve, como de costumbre, ajeno, al margen, como un divertido espectador más.

Las risas se me terminaron cuando traté de entrar, desde el ordenador de un amigo, en la peña gastronómica y futbolera "La Polla Rojiblanca", y me salió el pantallazo azul y blanco.