martes, 14 de octubre de 2008

Y un caballo de carreras

Para los martes de apagón.

"Se lo llevó todo de una manera tan fulminante que no pude evitar atarme a una de las patas de la silla y hundirme en el fondo de otro remolino azul, negro y amarillo. Se cayó el cielo de una forma tan imposible que lo único que pude hacer fue cambiarme la camiseta mojada y seguir corriendo cuesta arriba. Nada de lo que tuve, dije o escribí tuvo el sentido ni el valor suficiente como para merecer ser archivado en una libreta en espiral, en algun cajón de la biblioteca municipal. Nada de lo que pasara en aquellos días era necesariamente correcto, cierto o surrealista, sino que simplemente eran hechos encadenados en alguna clase sucesión, y todo nos llevaba al mismo punto. A nin guna partye, a ninguna despedida, a una estación de bus en la lluvia, y los faros del coche de mi padre yéndose. Y yo queriñéndome quedar."

domingo, 12 de octubre de 2008

Retales de una vida

A mi familia. Gracias.

"Son retales de una vida, aunque diga que odio los domingos, los echo de menos cuando no los tengo. Acostarme tarde después de compartir cine y charla con mi hermano. Tanto que aprender aún de él. Despertarme a las 5 de la mañana con mi sobrina llorando, me hace sentir cerca. Levantarme a ver la carrera, que Alonso gane, y que cuando vuelva a la cama mi madre no haga ruido. Dormir hasta las 2 de la tarde, eso que es un domingo. Y comer en casa de la abuela comida que no me gusta, pero que mi abuela hace con cariño, y eso es suficiente. Y cuidar de mi sobrina mientras me tomo el café bombón, con pastel de mi abuela. Y leer el periódico (La Opinión de Zamora de cada domingo) mientras mi tío en el sillón relee el Magazine buscando esas noticias económicas que tanto le gustan. Ver estúpidos telefilmes hasta las 6 de la tarde. Sentirme que formo parte de algo, sentirme alguien.
A veces los domingos son impagables, y hoy puede ser uno de estos días. Son retales de una vida, y si los juntas todos, a veces sale algo bonito."

viernes, 10 de octubre de 2008

Los días de vino y rosas



Para Mangas, Guille y Nieves.

"Fue una de las peores resacas de mi vida. Nueva York, restaurante barato y comida buena, y abundante. Y bebida mala, y abundante. Y mujeres, y hombres. Y mujeres que horas después se vomitan encima de sus preciosos vestidos comprados la tarde antes, y hombres que se abrazan a farolas buscando el frío, o el calor. Yo ya no entiendo de esto. El caso es que a la mañana siguiente, en la 408 del Waldorf, yo sólo quería morirme. Morirme de asco, o de lo que fuera. Puto Hank, Hank Chinaski. O Charlie Bukowski, llámalo como te dé la gana. Yo sólo quería morirme, de la cama al baño y viceversa. Y pedí a ese dios que si estaba allí arriba, que me enviara la muerte rápido.

Y dios, que siempre fue un tipo con sentido del humor, me envió a las de la limpieza. Hoy me río; entonces no tanto. Total, que estaba siendo una mañana de mierda, mientras yo pensaba en poesía de bar, en dejar la bebida de una vez, y en toda la planta no se oía ni respirar, excepto la música de Will.

Así que después de un vano intento de ingerir comida, me pasé a la habitación de Will, la 406, a dos tabiques y un cuarto de baño de distancia. Y la tarde empezó a mejorar. Porque estaba Snowie disfrazada de gángster [oh, joder, esos tacones negros]. Y había una cámara de fotos. Y Will ponía a los Beatles, y era 1971, y era la semana después de que Janis se fuera, y había una cámara de fotos cojononuda. Y humo, mucho humo. De porro, de tabaco, de Zippo. Y ceniceros. Y había fotos en blanco y negro por las paredes. Y todo empezó a ir mucho mejor cuando apareció el huesudo Sleeves. Y allí estaba Suzie, con sus ojos azules, y callada mientras nos observaba turnarnos la cámara, y posar contra la pared, y reirnos. Y hacernos los serios. Era la gloria. Y los cigarros seguían corriendo, y la cama la pisábamos sin pudor, y mirábamos al objetivo, y jugábamos con lo permitido, y nos reíamos de lo prohibido. Y fue genial.

Hoy quiero volver, y darle las gracias a los chicos que hacen que las tardes de resaca se pasen. Y luego siempre me quedan ganas de volver por la mañana y pagarles un paquete de tabaco, pero siempre se han ido. Y yo no fumo."

miércoles, 8 de octubre de 2008

Haz algo

"Haz algo por ti, levántate de ese sillón y empieza a improvisar un jazz por las letras, como hacías no mucho más allá de un par de años. Y ahora qué. Te quejas, boca arriba, de tu mala suerte, de que no haga sol y de que tu equipo empate a tres. Quién eres ahora. Por qué no te quedaste, y seguimos haciendo lo que tanto nos gustaba [todo y nada]. Antes, recuerdo bien, tus frases eran largas. Ahora me destrozas los tímpanos con monosílabos y tardo cuatro horas en sacarte el intelecto a pasear, y pagarte las cañas, y seguirte las coñas. No es mi estilo, no es mi clase. Mi clase es la de escupir y servir a la inconsciencia. De dejarme caer y sentirme culpable, ese soy yo. Y tú quien eres. Quizá es que no nos conocemos de nada y son todos mis defectos los que me hacen creer en alguien, por eso no miro atrás cuando me voy, por si descubro que sólo queda un banco de madera vacío. Vacío y verde, y vengo creyendo vagamente en los fantasmas. Fantasmas con vaqueros y Zippo en el bolsillo. Zippo, y Zeppo. Marx, claro. A lo mejor es eso. Que me he estado riendo tanto de todo que has tenido que llegar y hacerte pasar por la única cosa seria de esta habitación. Mi sofá se está riendo. Por qué me miras con esos ojos, se está riendo. No lo ves, como no has visto tantas otras cosas. Ese escalón, ese resbalón, ese edema de pulmón. Yo ya no valgo para esto. Entiéndeme, por favor, entiéndeme. No es que me joda, que de hecho no lo hace. Ella tampoco. Pero no es que me joda, es sólo remordimiento. Por ti, por mí, por vosotros. Hace tiempo que no somos iguales. Así que voy a coger mis cosas y esta vez sí. Me voy. Eh, ayúdame a levantarme de la cama. Eh. Eh. No, no te vayas, por favor. No, no, otra vez no.

Joder. La puta próxima vez quiero una asistenta social sordomuda."

lunes, 6 de octubre de 2008

Los lunes de Octubre

Para hoy, que es lunes.

¿Dónde coño te escondes, felicidad?
Los lunes de Octubre, ¿dónde estarás?


"The Mamas and The Papas una vez cantaron a los lunes, y eso me recuerda a mis padres con pantalones de campana y gafas RayBan sin la marca pintada en blanco, y paseos por elo parque del Castillo de la mano en los años ochenta, como enseñan las fotos de su dormitorio. Son ellos, y son 30 años desde entonces.

Para mí, que llevo casi veinte tirando por aquí, los lunes sólo me vienen canciones de La Fuga a la cabeza, [igual que las tardes de domingo sólo me vienen canciones de Quique González y artículos de José Ángel Barrueco en la Opinión]. Y es que los lunes de Octubre empiezan a tener todas las características de una balada, pienso mientras me destrozo los oídos bajando a clase con auriculares, y empezando a airear los palestinos de colores.

La música, y el otoño, y los poetas pueden hacerte tan melancólico y depresivo como para que los sábados por la noche te pongas a interpretar los sueños, o bebas los cubatas al lado del fuego. Y el domingo por la mañana, sin resaca y con mucho olor a humo, pienses que la vida son dos días, que tienes frío en las orejas, y que si falta mucho para volver."

Los Lunes De Octubre - La Fuga

sábado, 4 de octubre de 2008

Quemando tus recuerdos



Voy a empaparme en gasolina una vez más.
Voy a rasparme a ver si prendo,
y recorrer de punta a punta la ciudad
quemando todos tus recuerdos.


"A principios de semana empecé a redactar a mano mi manual de lecciones para olvidarte, con el propósito de echar un poco de sal en la herida que dejaste en mi brazo. Ah, es que no lo he dicho. Que soy de los que se echan sal en lass heridas para cerrarlas. Bueno, hay veces que me echo alcohol, pero desde que empecé a ver que sólo las desinfectaba, pero seguían sangrando, paso. El Betadine ha hecho milagros, me decían mis amigos, y yo dale que dale al Ballantines. Es que riman.

Pero, a lo que íbamos. Que en vez de echar sal, alcohol o lo que fuera, decidí empezar a pasar más tiempo contigo. O lo decidiste tú, quién sabe, hay cosas que se me escapan al raciocinio, y las mujeres son algo de eso. Y luego, como es ese concepto tan abstracto que tiene todas las caras del mundo. Y por eso, después de abstenerme el martes el jueves tuve que mojarme con todas las de la ley. Y es que un amigo dice que el alcohol te jode el hígado, pero el corazón ni te lo toca.

Y así, me amarré a ti [otra ti, pero el mismo tú] y gasté todos mis esfuerzos, que se fueron por la boca y se perdieron entre las doscientas personas que esperaban a la cola del Bisú. Y cada no que dijiste me retorcía un poco más en el pecho, pero tú seguías sonriendo, y me mirabas de ojos claros y pestañas negras. Qué más da, pensé yo. Y la noche se fue cantando Thalberg, como en los buenos tiempos.

Pero no todo podía acabar una mañana con resaca. Ninguna película acaba así. Todo tiene derecho a seguir, y yo seguí, y me metí un café solo [contigo] que me dejó respirar a lo largo de la tarde. Llegué, y volví a verte [otra ti, otra. El mismo tú] y me miraste como se mira a los desconocidos, y yo que ya había descubierto que no soy suficientemente freak como para gustarte, bajé la mirada y seguí a lo mío, en mi mundo donde me puedo reir de todo porque sí. Y luego subimos al alto, y canté a Rosendo, y practiqué la honrosa abstinencia mientras tú ibas hablando cada vez de forma menos coherente.

Y una semana después de empezar, me metí en la cama, y dormí hasta tarde. Y ahora ya no hay nadie, ya no hay nada. No estás ni siquiera tú."

Anita's Dream

Para Ana, que ya lleva 17.
"No había hablado con ella más que dos o tres veces, así que siempre me pregunté lo que habría soñado. Ella se callaba, desde luego [quién eres, idiota, para saber algo así] y yo la miraba desde lejos, y seguía haciendo mi vida.

Luego vinieron lo que en los libros de Historia [y las canciones de las emisoras en fm] llamarían después los veranos del amor y tuvimos tiempo para hablar de cualquier estupidez, y cuando terminamos de darle las vueltas al mundo, de destripar las relaciones, de conocer la geografía de Tierra de Alba, de estudiar psicología para principiantes, de pelar frío en verano y asarnos en invierno, de atar cabos y desatar algún nudo, yo aún me seguía preguntando lo que habría soñado.

Pasó un tiempo, y me la encontré una noche con unos amigos en ese descampado del que hablan todas las películas. Ese que está en lo alto de la ciudad, desde donde ves todas las luces allá abajo; y había un León, y no un Cadillac rojo [me dijo un amigo mientras hablábamos de subir al Tibidabo], y estaba ella. Creo que también había más gente, pero ni me importó entonces, ni le importa a mi historia. Yo, como al principio, la miraba desde lejos, y seguía haciendo mi vida. Ella, bebía de un vaso y hablaba con el mundo de algo no demasiado profundo, supongo.

Y entonces no tuve valor. No es porque sea algo que me asuste, ni porque le asuste a ella. No es porque sea nada especial, sino porque al final consideré que sólo ella tenía el derecho a saberlo, y quién era yo,con el que no había hablado más que dos o tres veces, para saber qué es lo que Ana habría soñado."