martes, 16 de septiembre de 2008

Lo de fuera

"Tuvo una época en la que todo lo que le decían le entraba por la nariz y le salía por el oído derecho, dejándole marcado el camino, por la cisura lateral de Silvio cuesta arriba. Aquella época no la recuerda, porque cada noche se machacaba con piedras de molino el trigo de las cunetas, y hacía pan de dilemas para poder cenar algo y no marcharse con el estómago vacío al jergón. Jergón que llenaba de las pajas que le sobraban de las susodichas espigas, así estaba de manchado.

Luego vino la época de las desgracias, en la que todo el mundo se convertía en nadie, y cada vez más personajes anónimos le saludaban por las aceras. En blanco y negro iba guardando las caras, recortadas del periódico local, y las pegaba en un cuadernito amarillo, de cuadros pequeños y anillas azules. La época de las desgracias alcanzó su máximo cuando el Ibex alcanzó su mínimo y cuando se cayó de tan alto el cuaderno a un charco una mañana de lluvia, y se borró todo, sobre todo la tinta. Sobre todo las caras.

Al final llegó la época en la que le temblaba el pulso al hablar, pero se le ponía firme al escribir dedicatorias con boli Bic. Negro como el tizón. Y a cobro revertido quisiera haber hablado contigo, pero nunca le dejaste sentir, ni oir, ni ver. Sintonizó la última emisora en onda corta, trató de pensar en todo lo que llevaba puesto la última vez, se arregló el pelo y las uñas, y dejó atrás toda su vida por puro aburrimiento.

Y empezó a vivir pensando en lo de fuera."

lunes, 15 de septiembre de 2008

Ella dijo

Yo no sirvo para hacer las cosas largas
-me decía mi chica-
así que una mañana tomé una decisión
y empecé a reducir el tamaño de lo que hacía.
Los paseos, las siestas, los polvos
las horas, las comidas, las palabras.

Llegó por fin una mañana
-yo no sirvo para hacer las cosas largas-
en que ella se había ido a comprar
y yo tenía el periódico abierto
por sucesos
viendo como la gente se mataba, y pensé
¿es mi vida larga?

Me tumbé a mirar el sol
-en lo que volvía mi chica con el coche-
cerré el periódico,
cerré los ojos.
¿Quién sabe cuánto dura una función de teatro?
Yo no sirvo para hacer las cosas largas.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Romero solo

Ser en la vida romero,
romero solo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin otro nombre, sin más oficio ni pueblo.
Ser en la vida romero...sólo romero.
Que no hagan callo las cosas en el alma ni
en el cuerpo
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero;
ligero, siempre ligero.

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
n iel tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos
decía el príncipe Hamlet
viendo como cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos,
cualquiera sirve, cualquiera ...menos un sepulturero.
Un día todos sabemos
hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.
Que no hagan callo las cosas en el alma ni
en el cuerpo
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero;
ligero, siempre ligero.

Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo,
ni la flor de un huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.

León Felipe. Poeta. Nacido en Tábara (1884-1968)

viernes, 12 de septiembre de 2008

Volveremos


Sólo 3 veces arriba. Chava. Simoni. Heras.

Creí en el primero, pero murió. Desconfié siempre del segundo. Me desviví por el tercero, y se vendió en las últimas, aunque guardo su autógrafo con tanto cariño como la foto con Bettini.

Mañana, vuelven a subir la Cueña les Cabres. Y el 23,5% a mí me vale. A ellos, para llegar al cielo, tambien. Mañana me toca confiar en un clasicómano del que quiero creer que aún no ha vendido la Vuelta por un chubasquero, porque dicen que los murcianos y el agua no son compatibles.

Vuelve el Angliru. Como el final de las pesadillas del dopaje. De los malos tiempos para el ciclismo, al que todos daban por muerto. De la tiranía de Armstrong. Como el final de las siestas de verano. Como los buenos, los viejos, los mejores. Quien gane mañana no habrá ganado sólo (¿sólo?) una etapa en La Vuelta. Volverá a ser un dios. Desde ahí arriba, seguro que se ve mejor el cielo.

jueves, 11 de septiembre de 2008

When you were young

Cuando éramos jóvenes cruzábamos en las noches de lluvia los pueblos fantasma como si fuéramos truenos o leones, negros y rojos. Levantábamos a nuestro paso nubes de vapor fino, y no se veían las estrellas a través de los cristales tintados. Nos reíamos al aparcar, y salíamos al frío pensando en todas las veces que ya habíamos hecho esto, y en las que aún nos quedaban. Caminábamos por el empedrado, y nunca nos resbalábamos, ni nosotros ni nuestras ganas.

Entrábamos en los bares, atestados, y los llenábamos más con nuestro humo, y los olores de cubata y cerveza. Bailábamos como podíamos, cantábamos las que sabíamos, y también las que no; y entonces los estrechos y húmedos tugurios de nuestra pequeña ciudad se nos terminaban demasiado pronto para todo lo que habíamos pagado.

Así que huíamos incesantemente calle arriba, donde siempre nos encontrábamos a alguien más que se uniera al asunto, siempre nos parábamos un millón de veces con conocidos y desconocidos, a hablar de nada, y siempre nos quedaban ganas de haber encontrado a alguien más.

Nunca se nos hicieron dos noches igual de largas, porque a veces el infinito eran las dos y media, y a veces amanecíamos de pie y con el vaso en la mano, como dicen que hacen los grandes.

Cuando éramos jóvenes volvíamos a casa con la cara tranquila y una sonrisa ligera y adormilada pintada en la máscara; regresábamos más despacio, y a media luz, cantando canciones de amor en el radiocassette, y entrábamos por la puerta de atrás para no hacer tanto ruido.

Y, al despertar, contábamos historias con o sin resaca, sabiendo que en realidad no teníamos demasiado que contar, pero no encantaba engañarnos, por aquello de ser jóvenes.

When You Were Young - The Killers

miércoles, 10 de septiembre de 2008

All you need


"No puedes hacer nada que no pueda ser hecho. No puedes cantar nada que no pueda ser cantado. Puedes aprender a jugar el juego. Es fácil.

John y Paul lo decían hace cuarenta años. Los años del amor y las rosas. Años de adoquines y sueños con tupé. ¿Y ahora qué tienes? Ahora huyes una vez más a esconderte. Con o sin nada. Nada encima, nada debajo. Ahí fuera hace frío, y tú sin nada. Son cosas que el tiempo no cambia. Vámonos de esta habitación al espacio exterior. Eres un tópico más. No puedes salvar a nadie que no pueda ser salvado. Quítate esas mallas, y empieza a caminar por la sombra. Quema tu ira con palabras en silencio, y con dolor en los brazos. No trates de herir, trata de amar. La vida una vez fue maravillosa [pero no me acuerdo de cómo lo hice para llegar allí] Y me dices que te gusta el presente. En serio, esto no es una canción de despedida. No es otro más de todos los intentos de sobrevivir. Señora, no me mire así; su hijo también se droga. Yo al menos tuve un motivo para empezar a correr. No como esos cabezas cuadradas que ven a los etíopes en agosto. Ojalá pudiera apagar la televisión, y pasar olímpicamente del asunto. Porque cada vez quer nos miramos me doy más cuenta de que esto no lleva a ningún lado. No me suena el móvil. ¿Estás ahí? ¿Hay alguien ahí fuera?

No puedes hacer nada excepto aprender a ser tú mismo en el tiempo. Es fácil."

martes, 9 de septiembre de 2008

El Blues de Videmala

En honor a Sir Kronen.

"Sabes?
En Videmala llega una hora de la madrugada, a últimos de agosto, o la primera de septiembre, en que se acaba el mundo.
No es ningun Gran Colisionador de Hadrones, que amenaza con terminar con esta puta historia con un agujero negro por el que nos iremos como tragados por el gigantesco retrete del universo.
Se trata de una sencilla sensación en el estómago, cuando las luces se han apagado, y tú te quedas mirando a su espalda, cómo se va, y todo lo que tienes que decir es basura, y risas, y el momento para el que has estado ensayando ya se ha ido, y nadie te va a creer nunca, por mucho que dejes de sonreir y pongas tu cara convincente. Por mucho que tires a esa tapia de piedra el vaso con el whisky naranja barato, para que vean que ya no bebes, que si lo haces es porque te da la gana, porque te entiendes con el etanol, y sabes cuando te hace hablar, y cuando tienes que mandarle que se calle. Pero ellos están ahí, están fuera. Están sentados, o de pie, y qué más da, si no son los que deben escuchar.
El Blues de Videmala no es poesía marica de contenedores grises, es una canción con la que cantar cuando a las seis de la mañana echas vaho por la boca, y no te la va a cerrar nadie. El Blues de Videmala es el frío en la espalda sudada.

Qué cojones. El Blues de Videmala es cuando ves que otro año más no has hecho nada porque has mezclado tantas veces la risa con la realidad, que ni tú mismo sabes distinguirte de tu propio personaje, se llame Rubén o Víctor, se llame Jaio o Derteano. El Blues de Videmala no se canta, no tiene letra, porque todas las letras están escritas ya, o acabarán por escribirse algún día.

La poesía marica de contenedores grises diría que el Blues de Videmala es intentar querer, y tener que fingir que todo va bien. Pero la verdad es que tanto ruido para nada, y nadie va a escuchar la verdad que tenemos, porque esa se dice callando. Pero yo no me voy a rendir tan fácil. ¿Tú? Tampoco."